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Miércoles, 20 de Agosto de 2008
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  Apoyaremos la investigación científica para aminorar la dependencia que se tiene de conocimientos y asistencia tecnológica del extranjero.
 


Ciencia y Tecnología
 

La Problemática

En la actualidad es incuestionable que la competencia y búsqueda de soluciones a problemáticas sociales de diverso tipo en países y asociaciones supranacionales, como la Unión Europea, desde los ambientales, pasando por los de salud y hasta los de la configuración de las identidades nacionales, radica en el conocimiento y la capacidad para transferirlo socialmente.

Empero, si bien México tuvo avances significativos en investigación y desarrollo (I+D) a partir de la década de los setenta del siglo pasado, en los años recientes ha perdido velocidad y se encuentra ante una ausencia de política de estado en la materia, además de que se está alejando de los indicadores y de los niveles de desempeño de países líderes o de las economías emergentes. Algunas cifras dan cuenta de la situación.

Algunos Indicadores

El gasto en investigación y desarrollo experimental (GIDE) se duplicó entre 1990 y 1999 al haber pasado de .20% a 0.43% del PIB, para experimentar un descenso en los años siguientes de forma tal que en el año 2004 se situó en .38%; por el contrario, a nivel internacional las cifras son raquíticas si tomamos en cuenta que en Suecia se dedicaba el 4.27 en el año 2003, en Estados Unidos el 2.62, en Francia el 2.20 y en España el 1.03%.

En lo que respecta al financiamiento de las actividades de GIDE ocurre algo parecido. Por una parte, la participación del gobierno federal experimentó una caída entre 1997 y 2003 al pasar de poco más del 70% a poco menos del 60. Por la otra, la participación del sector productivo sufrió una cuesta ascendente entre 1997 y el año 2001 al pasar del 18% al 30, para quedarse estancada en esta cifra en los siguientes años.

Otros indicadores que dan cuenta del avance y estancamiento son los siguientes: la participación de la producción científica mexicana a nivel mundial se duplicó entre 1992 y el año 2000 al pasar de .33 a .64, en tanto que para 2003 solo avanzó a .72, cifras que todavía sitúan al país en una posición muy lejana de los principales países de forma tal que entre los miembros de la OCDE México ocupa el lugar 21.

En la titulación de doctores se dio un avance significativo en diez años al haber pasado de 200 por año a cerca de 1300 en el año 2000, luego se tuvo una ligera baja en 2001 y se recuperó la tendencia ascendente al situarse por arriba de los 1400; empero, en la medición internacional todavía se está muy lejos de parámetros internacionales, así tenemos que mientras en el año 2003 se graduaban más de cuarenta mil doctores en Estados Unidos, en Corea más de siete mil y en Brasil cerca de ocho mil, en México solamente fueron poco más de mil cuatrocientos.

Razones del Estancamiento

Todo esto ocurre a pesar de que, en la pasada década de los años setenta, se creó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) que posibilitó impulsar un ambicioso programa de becas para la formación en el posgrado que ha derivado en la preparación de más de cien mil estudiantes, la instrumentación de políticas y la canalización de recursos, en asociación con la Secretaría de Educación Pública, para el mejoramiento del posgrado nacional; la formulación y puesta en operación de diversos programas de apoyo presupuestal a proyectos de investigación, el estímulo y la búsqueda de la participación de los estados de la federación en el reconocimiento, financiamiento y promoción de la investigación; el diseño y operación de programas para el mejoramiento de la infraestructura de la investigación y el ensayo de modelos para la transferencia del conocimiento y el desarrollo tecnológico.

En el mismo periodo se fundaron, reestructuraron y actualizaron diversos centros de investigación y de formación especializada, los cuales, junto con la creación de estímulos específicos como el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), ayudaron a la descentralización de la investigación y a la profesionalización y arraigo de los investigadores, así como a su interés para realizar sus trabajos en distintas regiones del país y permanecer.

De manera parecida, en los años recientes se aprobaron dos leyes para la ciencia y la tecnología en las que se establecieron fondos para el fortalecimiento y fomento de la investigación y el desarrollo tecnológico, la creación de la figura de Centro Público de Investigación y el mejoramiento de su operación, un paquete de incentivos fiscales para que las empresas inviertan en investigación para la innovación y la creación de un ramo presupuestal para la ciencia y la tecnología, así como en los últimos cuatro años casi se ha triplicado el presupuesto del CONACYT.

A pesar de los avances realizados y de la puesta en marcha de diversas piezas que resultan importantes para el establecimiento de un sistema nacional integrado de ciencia y tecnología, y para la elaboración y lanzamiento de una política de largo plazo, con certidumbre, para la investigación y el desarrollo tecnológico, esto no ha sucedido por diversas razones.

Seguramente en ello ha incidido la falta de percepción de los tomadores de decisión, tanto públicos como privados, sobre la función estratégica del conocimiento para mejorar los niveles de la competitividad, valorizar y aprovechar la riqueza de los recursos naturales y el capital humano, adiestrar a la población en el manejo de las nuevas tecnologías y para su desempeño con parámetros internacionales, enfrentar los rezagos históricos y sociales, renovar la planta productiva y reorientarla hacia nuevos nichos de oportunidad, así como para enfrentar los dilemas, varios de ellos de índole regional y mundial, que el país deberá asumir en el curso del siglo que recién inicia.

También ha incidido en el freno a la vitalidad en la investigación y el desarrollo tecnológico, y en la baja o falta de avance de los principales indicadores, el tipo de gestión de la actual administración pública federal a cargo del CONACYT, en tanto cabeza de sector del gobierno federal para la coordinación y operación de la política de investigación y desarrollo tecnológico, su visión limitada de la problemática, la carencia de una política científica, el rompimiento que ha provocado en la relación entre conocimiento y su aplicación, su desconocimiento y desinterés en la generación de nuevo conocimiento, su menosprecio a las ciencias sociales y las humanidades, su incapacidad para integrar y estabilizar un equipo de dirección y su falta de profesionalismo, por no agregar una actitud de soberbia hacia lo comunidad científica, un desconocimiento de su cultura gremial y la ignorancia en materia de cooperación internacional.

La Propuesta

Posicionar a la ciencia, las humanidades y el desarrollo tecnológico como uno de los ejes estratégicos para que México ingrese plenamente a la sociedad del conocimiento, enfrente en mejores condiciones los dilemas regionales, nacionales y mundiales del siglo XXI, mejore la competitividad de las empresas, posibilite la reconfiguración del aparato productivo con criterios de sustentabilidad y contribuya a una mejora sustantiva del bienestar de la población, así como única posibilidad para valorizar la riqueza cultural y la trayectoria histórica, y para desentrañar los mejores caminos que permitan transitar al País en el curso del presente siglo.

Los Objetivos:

I. Impulsar el desarrollo del conocimiento como estrategia para ingresar plenamente a la sociedad del conocimiento, facilitar a la población el acceso y manejo de la revolución tecnológica en curso, mejorar la competitividad de las empresas, acelerar la reestructuración del aparato productivo con parámetros de sustentabilidad y mejorar el bienestar social.

II. Fortalecer la generación del conocimiento, el desarrollo disciplinario y la innovación tecnológica.

III. Crear las condiciones necesarias para una relación armónica entre generación de conocimiento y su aplicación, como requisito para facilitar la transferencia del conocimiento y enfrentar los problemas sociales, históricos y culturales que requieren el talento de los investigadores.

IV. Propiciar un entorno social favorable para el adecuado desempeño de las actividades de investigación e innovación, entre las que se incluyen el predominio de criterios académicos o profesionales, el marco legislativo y normativo, y el financiamiento.

V. Mejorar los indicadores de I+D con referentes internacionales, de búsqueda de la calidad, transparencia, evaluación y rendición de cuentas.


La Estrategia

Para reencauzar las políticas públicas en dirección de los objetivos planteados, se sugieren acciones en puntos como los siguientes:

  • Elaborar un diagnóstico cuidadoso con el propósito de registrar los haberes, detectar las tensiones, visualizar los excedentes, dimensionar la temática e involucrar a los actores para un cambio de largo horizonte.

  • Explorar la conveniencia de formular un Plan Nacional para la Ciencia, las Humanidades y el Desarrollo Tecnológico en que se contemplen, al menos, puntos como los siguientes:


    • Metas para dieciocho años por lo menos.

    • Actualización de las agendas de investigación junto con la definición de proyectos nacionales estratégicos en temas que sean fundamentales para la problemática nacional, para la dimensión regional e internacional de México y para las potencialidades de la investigación y la innovación que pueda aportar México. Para el caso, se integrará una comisión de expertos del más alto nivel y de las instituciones de investigación líderes en el país, para definir las prioridades nacionales.

    • Asignación de recursos públicos a instituciones y proyectos en función de metas, rendimiento, transparencia y resultados; sin olvidar la flexibilidad que requiere la indagación científica.

    • Fortalecer la federalización y descentralización de las actividades de investigación e innovación. En este sentido, procurar que el desarrollo de instituciones de investigación y desarrollo tecnológico formen parte de los indicadores de bienestar social en los estados y municipios, al igual que se debe buscar un mayor compromiso de los distintos niveles de gobierno para que tales actividades sean procuradas, fortalecidas y resguardadas para que priven los criterios sustantivos en el ejercicio de sus funciones.

    • Revisar los modelos de gestión para el ejercicio de las actividades de I+D y la legislación en la materia, con el propósito de favorecer la creación de un entorno social favorable para su desempeño.

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