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La
Problemática
En la actualidad es incuestionable que la competencia
y búsqueda de soluciones a problemáticas
sociales de diverso tipo en países y asociaciones
supranacionales, como la Unión Europea,
desde los ambientales, pasando por los de salud
y hasta los de la configuración de las
identidades nacionales, radica en el conocimiento
y la capacidad para transferirlo socialmente.
Empero, si bien México tuvo avances significativos
en investigación y desarrollo (I+D) a
partir de la década de los setenta del
siglo pasado, en los años recientes ha
perdido velocidad y se encuentra ante una ausencia
de política de estado en la materia, además
de que se está alejando de los indicadores
y de los niveles de desempeño de países
líderes o de las economías emergentes.
Algunas cifras dan cuenta de la situación.
Algunos
Indicadores
El gasto en investigación y desarrollo
experimental (GIDE) se duplicó entre 1990
y 1999 al haber pasado de .20% a 0.43% del PIB,
para experimentar un descenso en los años
siguientes de forma tal que en el año
2004 se situó en .38%; por el contrario,
a nivel internacional las cifras son raquíticas
si tomamos en cuenta que en Suecia se dedicaba
el 4.27 en el año 2003, en Estados Unidos
el 2.62, en Francia el 2.20 y en España
el 1.03%.
En lo que respecta
al financiamiento de las actividades de GIDE
ocurre algo parecido. Por
una parte, la participación del gobierno
federal experimentó una caída
entre 1997 y 2003 al pasar de poco más
del 70% a poco menos del 60. Por la otra, la
participación del sector productivo
sufrió una cuesta ascendente entre 1997
y el año 2001 al pasar del 18% al 30,
para quedarse estancada en esta cifra en los
siguientes años.
Otros indicadores que
dan cuenta del avance y estancamiento son
los siguientes: la participación
de la producción científica mexicana
a nivel mundial se duplicó entre 1992
y el año 2000 al pasar de .33 a .64,
en tanto que para 2003 solo avanzó a
.72, cifras que todavía sitúan
al país en una posición muy lejana
de los principales países de forma tal
que entre los miembros de la OCDE México
ocupa el lugar 21.
En la titulación de doctores se dio
un avance significativo en diez años
al haber pasado de 200 por año a cerca
de 1300 en el año 2000, luego se tuvo
una ligera baja en 2001 y se recuperó la
tendencia ascendente al situarse por arriba
de los 1400; empero, en la medición
internacional todavía se está muy
lejos de parámetros internacionales,
así tenemos que mientras en el año
2003 se graduaban más de cuarenta mil
doctores en Estados Unidos, en Corea más
de siete mil y en Brasil cerca de ocho mil,
en México solamente fueron poco más
de mil cuatrocientos.
Razones
del Estancamiento
Todo esto ocurre a pesar de que, en la pasada
década de los años setenta,
se creó el Consejo Nacional de Ciencia
y Tecnología (CONACYT) que posibilitó impulsar
un ambicioso programa de becas para la formación
en el posgrado que ha derivado en la preparación
de más de cien mil estudiantes, la
instrumentación de políticas
y la canalización de recursos, en
asociación con la Secretaría
de Educación Pública, para
el mejoramiento del posgrado nacional; la
formulación y puesta en operación
de diversos programas de apoyo presupuestal
a proyectos de investigación, el estímulo
y la búsqueda de la participación
de los estados de la federación en
el reconocimiento, financiamiento y promoción
de la investigación; el diseño
y operación de programas para el mejoramiento
de la infraestructura de la investigación
y el ensayo de modelos para la transferencia
del conocimiento y el desarrollo tecnológico.
En el mismo periodo se fundaron, reestructuraron
y actualizaron diversos centros de investigación
y de formación especializada, los cuales,
junto con la creación de estímulos
específicos como el Sistema Nacional
de Investigadores (SNI), ayudaron a la descentralización
de la investigación y a la profesionalización
y arraigo de los investigadores, así como
a su interés para realizar sus trabajos
en distintas regiones del país y permanecer.
De manera parecida, en los años recientes
se aprobaron dos leyes para la ciencia y la
tecnología en las que se establecieron
fondos para el fortalecimiento y fomento de
la investigación y el desarrollo tecnológico,
la creación de la figura de Centro Público
de Investigación y el mejoramiento de
su operación, un paquete de incentivos
fiscales para que las empresas inviertan en
investigación para la innovación
y la creación de un ramo presupuestal
para la ciencia y la tecnología, así como
en los últimos cuatro años casi
se ha triplicado el presupuesto del CONACYT.
A pesar de los avances realizados y de la puesta
en marcha de diversas piezas que resultan importantes
para el establecimiento de un sistema nacional
integrado de ciencia y tecnología, y
para la elaboración y lanzamiento de
una política de largo plazo, con certidumbre,
para la investigación y el desarrollo
tecnológico, esto no ha sucedido por
diversas razones.
Seguramente en ello ha incidido la falta de
percepción de los tomadores de decisión,
tanto públicos como privados, sobre
la función estratégica del conocimiento
para mejorar los niveles de la competitividad,
valorizar y aprovechar la riqueza de los recursos
naturales y el capital humano, adiestrar a
la población en el manejo de las nuevas
tecnologías y para su desempeño
con parámetros internacionales, enfrentar
los rezagos históricos y sociales, renovar
la planta productiva y reorientarla hacia nuevos
nichos de oportunidad, así como para
enfrentar los dilemas, varios de ellos de índole
regional y mundial, que el país deberá asumir
en el curso del siglo que recién inicia.
También ha incidido en el freno a la
vitalidad en la investigación y el desarrollo
tecnológico, y en la baja o falta de
avance de los principales indicadores, el tipo
de gestión de la actual administración
pública federal a cargo del CONACYT,
en tanto cabeza de sector del gobierno federal
para la coordinación y operación
de la política de investigación
y desarrollo tecnológico, su visión
limitada de la problemática, la carencia
de una política científica, el
rompimiento que ha provocado en la relación
entre conocimiento y su aplicación,
su desconocimiento y desinterés en la
generación de nuevo conocimiento, su
menosprecio a las ciencias sociales y las humanidades,
su incapacidad para integrar y estabilizar
un equipo de dirección y su falta de
profesionalismo, por no agregar una actitud
de soberbia hacia lo comunidad científica,
un desconocimiento de su cultura gremial y
la ignorancia en materia de cooperación
internacional.
La
Propuesta
Posicionar a la ciencia, las humanidades y
el desarrollo tecnológico como uno de
los ejes estratégicos para que México
ingrese plenamente a la sociedad del conocimiento,
enfrente en mejores condiciones los dilemas
regionales, nacionales y mundiales del siglo
XXI, mejore la competitividad de las empresas,
posibilite la reconfiguración del aparato
productivo con criterios de sustentabilidad
y contribuya a una mejora sustantiva del bienestar
de la población, así como única
posibilidad para valorizar la riqueza cultural
y la trayectoria histórica, y para desentrañar
los mejores caminos que permitan transitar
al País en el curso del presente siglo.
Los
Objetivos:
I. Impulsar el desarrollo del conocimiento
como estrategia para ingresar plenamente
a la sociedad del conocimiento, facilitar
a la
población el acceso y manejo de la revolución
tecnológica en curso, mejorar la competitividad
de las empresas, acelerar la reestructuración
del aparato productivo con parámetros
de sustentabilidad y mejorar el bienestar
social.
II. Fortalecer la generación del conocimiento,
el desarrollo disciplinario y la innovación
tecnológica.
III. Crear las condiciones necesarias para
una relación armónica entre generación
de conocimiento y su aplicación, como
requisito para facilitar la transferencia del
conocimiento y enfrentar los problemas sociales,
históricos y culturales que requieren
el talento de los investigadores.
IV. Propiciar un entorno social favorable
para el adecuado desempeño de las actividades
de investigación e innovación,
entre las que se incluyen el predominio de
criterios académicos o profesionales,
el marco legislativo y normativo, y el financiamiento.
V. Mejorar los indicadores de I+D con referentes
internacionales, de búsqueda de la calidad,
transparencia, evaluación y rendición
de cuentas.
La
Estrategia
Para reencauzar las políticas públicas
en dirección de los objetivos planteados,
se sugieren acciones en puntos como los
siguientes:
- Elaborar
un diagnóstico cuidadoso
con el propósito de registrar
los haberes, detectar las tensiones,
visualizar los excedentes,
dimensionar la temática e
involucrar a los actores para un
cambio de largo
horizonte.
- Explorar
la conveniencia de formular un Plan Nacional
para la Ciencia,
las Humanidades y
el Desarrollo Tecnológico
en que se contemplen, al menos,
puntos como
los siguientes:
- Metas
para dieciocho años
por lo menos.
Actualización
de las agendas de investigación
junto con la definición
de proyectos nacionales
estratégicos
en temas que sean fundamentales
para la problemática
nacional, para la dimensión
regional e internacional
de México y para
las potencialidades de
la investigación
y la innovación
que pueda aportar México.
Para el caso, se integrará una
comisión
de expertos del más
alto nivel y de las instituciones
de investigación
líderes
en el país, para
definir las prioridades
nacionales.
Asignación
de recursos públicos
a instituciones y proyectos
en función
de metas, rendimiento,
transparencia y resultados; sin olvidar
la flexibilidad que requiere la
indagación científica.
Fortalecer
la federalización
y descentralización
de las actividades
de investigación
e innovación.
En este sentido,
procurar que el desarrollo
de instituciones
de investigación
y desarrollo tecnológico
formen parte de los
indicadores de bienestar
social en
los estados y municipios,
al igual que se debe
buscar un mayor compromiso
de los distintos
niveles de gobierno
para
que tales actividades
sean procuradas,
fortalecidas
y resguardadas para
que
priven los
criterios sustantivos
en el ejercicio de
sus funciones.
Revisar
los modelos de gestión
para el ejercicio
de las actividades
de I+D y la
legislación
en la materia,
con el propósito
de favorecer la
creación
de un entorno social
favorable para
su desempeño.
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