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La cultura incluye
todas las formas de convivencia, los valores,
las formas de pensar y de vivir,
así como todas las expresiones del arte
y el saber. Parte de ella son, las lenguas, costumbres,
tradiciones e historia que nos legaron nuestros
antepasados. México posee una gran riqueza
cultural y en este aspecto ocupa un papel destacado
en el concierto de las naciones. La cultura del
México contemporáneo reúne
la influencia de una gran diversidad de culturas
mesoamericanas y de múltiples culturas
que llegaron de la península ibérica,
Africa, Asia y más recientemente de varias
olas de inmigrantes de América Latina,
Europa y los Estados Unidos. México es
por lo tanto un país pluricultural que
ha conocido un largo proceso de mestizaje.
La idea de una cultura propia es parte esencial
de nuestra idea de nación.
Somos una nación no sólo porque compartimos un territorio y un
sistema político y económico, sino también porque nos reconocemos
en una cultura común. La amplia diversidad de orígenes y tradiciones
se integran en experiencias, símbolos y gestas históricas comunes.
Prueba de ello son las manifestaciones de las grandes civilizaciones indígenas
antiguas; los tres siglos de arte y arquitectura colonial, las aportaciones literarias
y educativas del siglo XIX; el auge de la creación vinculada a la cultura
popular a partir de la Revolución; la convivencia de las tradiciones del
México profundo con las expresiones de las vanguardias artísticas
contemporáneas. Concebimos a la cultura mexicana como un proceso inmerso
en el tiempo que tiene su pasado, su presente y sus proyecciones hacia el futuro,
que se recrea y renueva constantemente, consolidando y preservando nuestra identidad
Existe hoy, una vigorosa
corriente cultural de origen mexicano que
influye en América del Norte y Latinoamérica. Esa cultura es una de las
bases de nuestra soberanía en una época de globalización.
Elementos fundamentales de una buena política cultural, son el respeto
a la diversidad y la atención especial hacia aquellas expresiones que,
como la indígena, hayan sido discriminadas; el desarrollo de la cultura
propia de las mujeres, los jóvenes y los migrantes, así como
la apertura hacia todas las expresiones culturales valiosas de los demás
pueblos del mundo, difundidas por las nuevas tecnologías de la información.
La cultura no es un campo ajeno al desarrollo económico. Es, por lo
contrario, uno de sus aspectos fundamentales. Juega un papel vital para impulsar
una actitud positiva hacia el saber, el espíritu de innovación,
la disposición al cambio y la absorción de nuevas tecnologías,
formas de trabajo y organización económica .Es además,
una generadora cada vez más importante de empleos, inversión
e ingresos fiscales. Las industrias de la cultura, en sus múltiples
manifestaciones actuales están presentes en la producción de
bienes tangibles y los servicios y representan en México un porcentaje
elevado del PNB. Considerando la creatividad, el dinamismo y la diversidad
de la cultura nacional, pueden crecer todavía más.
La cultura eleva la calidad de la vida de la gente y enriquece sus experiencias
artísticas y espirituales, a veces, incluso a pesar de las carencias
económicas en que se desenvuelve. Es un antídoto eficaz en la
lucha contra la descomposición social, la violencia y la delincuencia.
La democracia que estamos construyendo no es sólo un conjunto de instituciones,
es también una cultura. Para un país que está saliendo
de tradiciones autoritarias, las nuevas instituciones no se consolidarán
si a la vez no se produce un importante cambio en los valores y las ideas de
los ciudadanos, si las viejas relaciones patriarcales, clientelares y caciquiles,
no son sustituidas por una conciencia ciudadana de derechos y obligaciones
fijados por la ley. La creación de espacios públicos independientes
en los cuales pueda desarrollarse la participación, el debate y el análisis
de ideas, es el mejor antídoto contra el autoritarismo. La actitud crítica
hacia la corrupción, la injusticia social y la ausencia de ética
en la política es la base del desarrollo de la democracia.
Por eso la cultura forma parte de este programa como un rubro de gran importancia.
Es concebida como un elemento fundamental en el desarrollo y el progreso de
la economía, la sociedad y la política. Se considera por lo tanto,
no como un gasto, sino como una inversión. El Estado no debe concebirse
a sí mismo como creador de cultura, pretender un papel rector o tratar
de convertirse en un factor de control. A él le compete, sobre todo,
fomentar y apoyar los proyectos que nacen de la sociedad y estimular y subsidiar
las industrias editoriales, cinematográficas y culturales en general,
asegurando la libertad de opinión y expresión de los creadores.
Es su responsabilidad estimular la creatividad artística y cultural
con equidad, transparencia, y descentralización.
El neoliberalismo ha influido profundamente en la cultura mexicana contemporánea.
En los últimos cuatro gobiernos, junto a las barreras comerciales han
desaparecido las ideas de solidaridad tercermundista, las referencias a la
Revolución mexicana, y los problemas de la desigualdad. Según
el pensamiento único, el mercado debe dominar no sólo a la economía,
sino a la sociedad y la cultura en todas sus expresiones. La tesis que ha dominado
la cultura política en los últimos veinte años es que
el mercado, liberado de la intervención del estado, acabará por
crear condiciones de bienestar para todos. Pero eso no ha sucedido, ni sucederá.
La transnacionalización de las grandes empresas de televisión
y el dominio del consumismo han penetrado en todos los poros de la sociedad.
Los gobiernos neoliberales han considerado que la actividad científica,
artística e intelectual es un tema de segunda importancia que sólo
sirve como un complemento decorativo. Por ello le han dedicado recursos marginales.
La empresa privada también se ha ocupado de ella, pero en el marco exclusivo
de una lógica mercantilista. Los medios de comunicación más
poderosos adoptaron criterios ante los cuales la difusión cultural y
artística se presenta como un costo que debe ser minimizado. Por su
parte, los partidos políticos, dedicados exclusivamente a las tareas
electorales no impulsan programas coherentes para el desarrollo de la cultura.
Diagnóstico
de la Cultura y sus Instituciones
El desarrollo cultural como parte fundamental de la nacionalidad mexicana
está consagrado
en distintas leyes y disposiciones. El artículo 3 de la Constitución,
establece como obligación del Estado alentar el fortalecimiento y difusión
de nuestra cultura. El artículo 123 establece que los salarios mínimos
deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades básicas
de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural. En materia
de composición pluricultural, en el artículo 4 se señala
que la Ley protegerá y promoverá el desarrollo de las lenguas,
culturas, usos y costumbres, recursos y formas específicas de organización
social de los pueblos indígenas. Los artículos 6 y 7 garantizan
la libertad de creación y de su difusión. Conforme al artículo
73, el Congreso de la Unión puede legislar en materia de cine, escuelas
de bellas artes, museos, bibliotecas y demás instituciones culturales.
Puede además, establecerlas y sostenerlas en toda la república.
Las instituciones estatales existentes cuentan también con un marco
jurídico que debe ser revisado y adaptado a las necesidades actuales.
A partir de 1940 se realizaron importantes contribuciones al desarrollo institucional
y de infraestructura cultural, centradas casi todas en la Ciudad de México.
Se creó el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1946, El Auditorio
Nacional fue inaugurado en 1950, la red de teatros del Seguro Social se creó en
las décadas de los años 50 y 60, y los museos Nacional de Antropología
y de Arte Moderno fueron abiertos en 1964, entre otras muchas cosas.
Sin embargo, esas importantes contribuciones fueron opacadas por el sostenimiento
de una política cultural oficialista que privilegiaba a los “intelectuales
de Estado” y marginaba a quienes no se alineaban a tal política,
a menos que su propia excepcionalidad y brillantez impidiera su arrinconamiento.
El Estado asumió el papel de “mecenas” cultural con fines
de control.
En 1988 se fundó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA).
Su objetivo era coordinar a las instituciones culturales existentes aprovechando
la infraestructura existente. Poco después se creó el Fondo Nacional
para la Cultura y las Artes (FONCA) que sumaba recursos públicos y privados
para el fomento de las artes y la conservación del patrimonio del país.
Su creación fue, sin duda, un paso adelante con respecto a su antecedente,
la Subsecretaría de Cultura dependiente directamente de la Secretaría
de Educación Pública, pero el carácter secundario que
se le atribuyó a lo cultural en los gobiernos neoliberales redujo sus
posibilidades. Esto se refleja incluso formalmente, hasta la fecha, al denominarse “subsector
cultura” el aparato administrativo encargado de las tareas en ese rubro.
Al principio, estas iniciativas despertaron ilusiones de que las nuevas instituciones
abrirían espacio a los creadores en la determinación de las políticas
culturales. Pero, la política cultural del régimen frustró tales
esperanzas. El CONACULTA fue desde el principio una institución centralista
y burocrática y pese a las buenas intenciones de algunos de sus titulares,
no se superó la pretensión gubernamental de controlar las actividades
culturales, pues fueron escasos los espacios que se abrieron para la intervención
de la sociedad y los creadores en la toma de decisiones. Lo mismo sucedió con
el Centro Nacional de las Artes fundado para impulsar el desarrollo de la educación
artística.
Un fenómeno muy importante de los últimos tres lustros ha sido
el surgimiento de Institutos y Secretarías de Cultura en varios estados
de la república. Ellos llevan un peso creciente en la definición
de la política cultural de sus localidades, adaptándose a sus
necesidades específicas e impulsando cada vez más la participación
ciudadana a nivel municipal. Algunos de ellos han incluso tomado iniciativas
a nivel de las comunidades, abriendo espacios para el conocimiento y el encuentro
de diferentes expresiones y corrientes en un ambiente de convivencia.
Todavía queda mucho por hacer en materia de cultura. Existen grandes
carencias y desigualdades que deben ser abordadas. En las instancias del gobierno
federal, siguen predominando políticas elitistas que no dan suficiente
importancia a la corresponsabilidad y participación activa de todos
los sectores de la población. Su acción institucional en los
Estados, es muy limitada. Frecuentemente, los presupuestos para fomento y estímulo
siguen aplicándose bajo la responsabilidad individual de los funcionarios.
La danza clásica y moderna es quizá la actividad cultural menos
promovida; los recursos dedicados al mantenimiento y desarrollo de las orquestas
mexicanas son insuficientes, pese a su prestigio nacional e internacional;
el teatro ha sido dejado casi exclusivamente en manos de promotores comerciales;
las artes plásticas dependen cada vez más de la mercantilización,
no obstante la tradición de que gozan en México sus expresiones
populares; el cine ha sido privado de casi todos sus respaldos oficiales a
pesar de sus éxitos de reconocimiento internacional.
Se estima que en México hay más de 200 mil sitios arqueológicos,
pero el Instituto Nacional de Antropología e Historia sólo ha
podido catalogar 33,194 y únicamente tiene 156 zonas arqueológicas
abiertas al público.
Siendo las bibliotecas el principal instrumento para la democratización
y la promoción de la lectura, las 6,810 existentes son notoriamente
insuficientes pues el promedio nacional de habitantes por biblioteca es de
15,470. Además, hay una gran desigualdad en el país en este servicio.
En Guanajuato hay más de 37,000 habitantes por biblioteca, en Baja California
30,000, en Tamaulipas y Jalisco alrededor de 26,000 y en Querétaro,
el D. F., el estado de México, San Luis Potosí, Chihuahua, Michoacán
y Coahuila casi 20 mil habitantes por cada biblioteca.
En materia de salas de lectura la infraestructura resulta también insuficiente
pues al terminar 2003, el promedio nacional de habitantes por cada sala de
lectura que era de 25,674, llegaba casi a 78,000 en Baja California Sur, a
alrededor de 72,000 en el estado de México, a 60,000 en Veracruz, 55,000
en Guerrero, más o menos 43,000 en Oaxaca y Puebla y unos 40,000 en
el D. F. y Jalisco.
Situaciones más graves se presentan en lo que se refiere a la insuficiencia
de la infraestructura cultural y a las enormes desigualdades que hay entre
los diversos estados en materia de Casas de Cultura, Museos y librerías.
El promedio nacional de habitantes por cada Casa de Cultura o Centro Cultural
es de 61,233. En Baja California llega a casi 275,000 por recinto; en Guerrero
a alrededor de 140,000; en Chihuahua a unos 120,000 lo mismo que en Sinaloa,
En San Luis Potosí hay 100,000 habitantes por recinto, cantidad que
casi es alcanzada en el estado de México.
En el caso de los museos es alarmante que el promedio nacional de habitantes
por cada uno de ellos sea de 92,139, cifra que se eleva a más de 182,000
en Veracruz, a unos 170,000 en el estado de México, a 160,000 en Tamaulipas,
a casi 140,000 en Guanajuato y 125,000 en Campeche, por citar sólo los
casos más relevantes.
Por lo que se refiere a las librerías, la infraestructura existente
hace que el promedio nacional de habitantes por cada una de ellas sea de 85,064
personas, cantidad que se eleva en Tlaxcala a más de 320,000, en Colima
a unas 270,000, en Oaxaca a más de 210,000, en Chiapas a casi 200,000
y en Michoacán a alrededor de 180,000.
Finalmente, México tiene un promedio de 179,197 habitantes por cada
uno de los teatros existentes y 34,531 por cada sala de cine. Pero botones
de muestra de la desigualdad son el que ese promedio llega a alrededor de 880,000
habitantes por teatro en el estado de México y a más de 130,000
por cada cine en Oaxaca.
Destaca asimismo que el apoyo al rubro de las culturas populares e indígenas
cuenta con los presupuestos más bajos del gasto cultural. Hay nuevos
programas a favor de la diversidad cultural y de los migrantes, pero ninguno
dirigido a los jóvenes. En cambio, sí se ha invertido en 1,500
apoyos a creadores, especialistas, etcétera, para que difundan la cultura
de México en el mundo.
Plan
de Acción
La ausencia de una política cultural a mediano y largo plazo a todos
los niveles del gobierno es uno de los grandes obstáculos que frenan
el desarrollo sustentable en México. Para resolver este problema, proponemos
adoptar como principios básicos de política cultural, la equidad,
la democracia y la defensa de la soberanía y para su realización
presentamos el siguiente plan de acción:
Primero: Se realizará un Gran Diálogo Nacional Sobre Cultura,
a nivel municipal, estatal y federal al que se convocará a los creadores,
agrupaciones sociales e instituciones privadas interesadas en la cultura y
a la sociedad en cada nivel para elaborar una Ley Nacional de Cultura que,
inicialmente, incluya los principios y normas que deben seguirse en la protección
y difusión del patrimonio arqueológico, histórico y cultural
de México, el estímulo a la creatividad y educación artísticas
y la difusión del arte y la cultura además de que fije el porcentaje
mínimo fijo del presupuesto federal que debe dedicarse a la cultura,
de modo que el gasto en este rubro no esté sujeto a la discrecionalidad.
No se tratará de una más de las consultas que han organizado
otros gobiernos para después hacer lo que han querido, sino de un diálogo
en el que los consensos que se alcancen serán asumidos por el Ejecutivo
para presentarlos como iniciativa de ley al Congreso de la Unión.
Segundo: Durante el sexenio se trabajará en reducir las desigualdades
en materia de infraestructura cultural que existen entre los estados de la
república concentrando los esfuerzos en las 10 entidades más
desfavorecidas en cada rubro. Así, se orientará a la creación
de bibliotecas en Guanajuato, Baja California, Tamaulipas, Jalisco, Querétaro,
el D.F., el estado de México, San Luis Potosí, Chihuahua y Michoacán;
en la apertura de salas de lectura en Baja California Sur, estado de México,
Veracruz, Guerrero, Puebla, el D.F., Jalisco, Michoacán y Tamaulipas;
en la puesta en marcha de Casas de la Cultura en Baja California, Guerrero,
Chihuahua, Sinaloa, San Luis de Potosí, el estado de México,
Guanajuato, Veracruz, Nayarit y Durango y en la creación museos en Veracruz,
el estado de México, Tamaulipas, Guanajuato, Campeche, San Luis Potosí,
Baja California, Michoacán, Oaxaca y Sinaloa. En todos los casos se
buscará que la obra se realice mediante la colaboración del gobierno
federal, los estatales y municipales así como agrupaciones culturales
locales e instituciones sociales y privadas interesadas en la cultura, pero,
además, se dedicarán recursos, incentivos fiscales, etcétera,
para apoyar y promover la apertura de librerías, salas de cine y teatros
en las entidades que presentan más rezagos en la correlación
del número de sus habitantes y la cantidad de recintos de cada tipo.
En el sexenio la meta será atender prioritariamente a las regiones que
carecen absolutamente de recintos culturales y están lejanas de aquellas
en que sí existen.
Tercero: Se aumentarán considerablemente el número de becas y
apoyos a proyectos que se ofrecen a los creadores por medio del Fondo Nacional
para la Cultura y las Artes (FONCA), el Instituto Nacional de Bellas Artes(INBA)
y otras instituciones locales, diversificando los programas para que respondan
a la gran diversidad de necesidades. Para ello se establecerán bases
claras y accesibles para la participación en programas y proyectos.
Se tomarán medidas rigurosas para que los procesos sean justos y transparentes.
Se dará un apoyo decidido a todas las expresiones del arte y la literatura
que enriquecen a las personas y a la colectividad. No regatearemos respaldo
a ninguna creación cultural porque se le considere “arte para
minorías” ni dudaremos en apoyar a los creadores que buscan que
su obra impacte a amplios sectores de la sociedad. La apropiación de
la cultura, en todas sus manifestaciones, enriquece la vida lo mismo de los
individuos que de las colectividades. Coartar las expresiones de vanguardia,
que muchas veces son comprendidos por públicos reducidos, sería
castrar el desarrollo de la cultura en su conjunto. Cerrarse a las manifestaciones
de la cultura popular, por considerarlas “de poca calidad”, sería
adoptar una actitud elitista en contra de nuestras tradiciones.
Cuarto: Se otorgará al desarrollo y preservación de las culturas
populares e indígenas el mismo nivel de importancia que a la investigación
y preservación del patrimonio cultural, la educación e investigación
culturales y la difusión de la cultura y no como ocurre actualmente
que son reducidos los apoyos y actividades de que disponen. Se promoverán
convenios, programas de trabajo conjuntos, etcétera, con los agrupamientos
interesados que impulsen no sólo el mantenimiento, sino el desarrollo
de las culturas indígenas, la creación de medios impresos y electrónicos
en sus propias lenguas, la investigación y difusión de sus tradiciones
y costumbres buscando que sean aprovechadas en sentido positivo por toda la
sociedad. También será prioritario el respaldo a las expresiones
culturales locales que han surgido en los últimos tiempos y, especialmente,
a los movimientos culturales de jóvenes, migrantes, grupos de diversidad
de género, etcétera. Habrá programas específicos
de apoyo y actividad para cada uno de los sectores mencionados.
Quinto: Se desarrollará un Programa Nacional de Cultura Cívica
y Participación Ciudadana orientado a difundir y enraizar entre la población,
mediante publicaciones, conferencias, etcétera, el conocimiento del
marco legal que facilita la democracia y la convivencia social, los derechos
y obligaciones de los mexicanos, la solidaridad social para combatir la delincuencia,
la corrupción y la violencia, así como una cultura que fomente
la participación en los asuntos sociales y políticos y las formas
a que tienen acceso los ciudadanos para inconformarse o transformar ese marco
legal. Como parte de ese programa se realizarán de manera permanente
actos destinados a fortalecer una cultura de derechos humanos, convivencia
social, defensa del medio ambiente y combate a todo tipo de discriminación
y exclusión.
Sexto: Se Creará un Sistema Nacional de Apoyo logístico, de difusión,
técnico y de colaboración con elencos artísticos, agrupaciones
de creadores y organizaciones civiles que realizan labor cultural para que
sus esfuerzos tengan mayor proyección en danza, música, teatro,
artes plásticas, etcétera. Al mismo tiempo, se apoyará,
mediante un programa especial, exenciones fiscales y, en la medida de lo posible,
recursos financieros para la formación, permanencia y desarrollo de
empresas culturales autogestivas en barrios, pueblos y colonias y se promoverán
los cambios legales necesarios para el impulso de sociedades mercantiles culturales
que comercialicen revistas, libros, discos, videos y otros.
Séptimo: Se lanzará un Plan Nacional de Preservación y
Aprovechamiento Sustentable del Patrimonio Arqueológico, Histórico
y Cultural de México, otorgándole a esta tarea un presupuesto
suficiente y buscando formas de financiamiento complementarias. Estamos convencidos
que en las tareas de rescate, preservación y aprovechamiento social
de las zonas arqueológicas, de los sitios e inmuebles históricos,
etcétera, se debe otorgar derecho de opinión a las comunidades
rurales y colectividades urbanas que viven en sus entornos o están histórica
y culturalmente ligadas a esas zonas y sitios. Para ello habrá que crear
condiciones que garanticen un diálogo fructífero con los investigadores,
estudiosos e instituciones encargadas de su resguardo.
Octavo: Para fomentar la lectura, se emprenderá el Programa Nacional “El
Libro en tus Manos” que incluirá dos aspectos: la coedición
en grandes tirajes de grandes obras literarias, de artes plásticas y
científicas (poniendo énfasis en las orientadas a niños
y adolescentes) y la realización de Ferias del Libro. Las coediciones
servirán para impulsar a la industria editorial del país y ofrecer
a la sociedad títulos a precios accesibles. La selección de las
obras a publicar será encargada a consejos de especialistas prestigiados
en cada tema con el criterio de que se trate de títulos con amplio reconocimiento
de la cultura nacional y universal y que sean cercanos a los gustos de la gente,
contribuyendo a elevarlos, o que le aporten conocimientos y vivencias útiles
en su vida cotidiana. En lo que se refiere a las Ferias del Libro la meta del
sexenio será que, en colaboración con los gobiernos estatales,
se realice cuando menos una anualmente en cada entidad federativa. Para el
mediano plazo se buscará sentar las bases para que se lleven a cabo
Ferias del Libro en todos los municipios y delegaciones de la república.
Noveno: Se emprenderá una Campaña Nacional Permanente de Conocimiento
y Difusión de la Ciencia que incluirá, como primer aspecto, la
edición masiva de folletos encargados a especialistas o ya publicados
que traten temas científicos en términos accesibles o se refieran
a temáticas útiles para la vida, el trabajo y la salud de la
sociedad. Los textos de los folletos serán encargados a autores o seleccionados
de obras ya publicadas por un consejo de científicos con amplio reconocimiento
en sus respectivas áreas. El segundo aspecto consistirá en la
realización de charlas, mesas redondas y conferencias sobre temas científicos
que, durante el sexenio, se realizarán en todas las ciudades del país
y en el mayor número posible de poblaciones más pequeñas.
A mediano plazo, se buscará crear un sistema nacional de difusores de
la ciencia que lleve al mayor número posible de poblaciones, sobre todo
rurales, charlas científicas.
Décimo: Se realizará un Programa Permanente de Difusión
de la Cultura y el Arte que lleve a las plazas públicas y locales cerrados
más amplios la presentación de espectáculos musicales,
de danza y teatro de artistas de amplio reconocimiento y de creadores, sobre
todo jóvenes, cuya obra merezca ser difundida por sus aportaciones.
El Programa abarcará también el montaje de exposiciones de artes
plásticas, fotografía, escultura, presentaciones de performance,
etcétera, en locales que se acerquen a los lugares de vida y trabajo
de la gente. Se partirá de la asesoría de Consejos de especialistas
en cada área para decidir las programaciones de espectáculos
y exposiciones.
Decimoprimero: Se buscará la creación de un Sistema Nacional
de formación, investigación y capacitación artística
y de formación de promotores culturales. Se seguirá la orientación
de que ese sistema debe ser homogéneo nacionalmente en lo que se refiere
a la calidad de sus servicios pero respetando la diversidad de necesidades
regionales, de rama de la actividad artística y cultural, etcétera.
En el sexenio se tendrá la meta de abrir planteles del sistema en los
estados en los cuales no hay ninguno para satisfacer las necesidades de quienes
quieren formarse como artistas o promotores culturales y fortalecer los ya
existentes y se procurará sentar las bases para que a más largo
plazo no haya ninguna entidad de la república que carezca de escuelas
de este tipo.
Decimosegundo: Se promoverá ante el Congreso de la Unión, ya
sea como parte de la Ley de Cultura o de modificaciones a la Ley Federal de
Radio y Televisión, el que los medios televisivos concedan espacios
suficientes para la difusión de programas culturales no comerciales.
Decimotercero: Se promoverá y facilitara el otorgamiento de permisos
para la operación de emisoras de radio y televisión comunitarias,
educativas y culturales y se prestará todo el apoyo técnico y
ayudas financieras que sea posible para sus sostenimiento. La meta durante
el sexenio será regularizar y garantizar el desarrollo de las ya existentes
o en proceso de formación y lograr, si hay interés en ello, que
al menos los principales pueblos indios, agrupaciones comunitarias ya organizadas,
e instituciones educativas cuenten con radiodifusoras. Se buscará de
manera especial que la UNAM cuente con un canal propio de Televisión.
Decimocuarto: Se impulsará un programa de apoyo a la producción,
distribución y exhibición de películas mexicanas de calidad
cuyas características se definirán en consulta con los creadores
y empresas nacionales dedicados a la actividad cinematográfica. Ese
programa se orientará a facilitar el respaldo financiero público
y privado a la producción fílmica, a garantizar que las cintas
mexicanas tengan un espacio suficiente garantizado en la exhibición
comercial, a la realización de concursos para que guionistas directores
y actores noveles tengan oportunidad de que su obra llegue al público
y a la realización de festivales que promuevan el cine mexicano en todos
los estados de la república. Aparte, se fomentará, mediante festivales
y otras actividades, la difusión en todo el país del cine proveniente
de otras naciones que contribuya al conocimiento de sus culturas y costumbres.
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