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Miércoles, 20 de Agosto de 2008
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Fomentaremos la lectura, las ferias de libros, la labor editorial, la creación de bibliotecas y archivos.

 

Programa de Cultura
 


La cultura incluye todas las formas de convivencia, los valores, las formas de pensar y de vivir, así como todas las expresiones del arte y el saber. Parte de ella son, las lenguas, costumbres, tradiciones e historia que nos legaron nuestros antepasados. México posee una gran riqueza cultural y en este aspecto ocupa un papel destacado en el concierto de las naciones. La cultura del México contemporáneo reúne la influencia de una gran diversidad de culturas mesoamericanas y de múltiples culturas que llegaron de la península ibérica, Africa, Asia y más recientemente de varias olas de inmigrantes de América Latina, Europa y los Estados Unidos. México es por lo tanto un país pluricultural que ha conocido un largo proceso de mestizaje.

La idea de una cultura propia es parte esencial de nuestra idea de nación. Somos una nación no sólo porque compartimos un territorio y un sistema político y económico, sino también porque nos reconocemos en una cultura común. La amplia diversidad de orígenes y tradiciones se integran en experiencias, símbolos y gestas históricas comunes. Prueba de ello son las manifestaciones de las grandes civilizaciones indígenas antiguas; los tres siglos de arte y arquitectura colonial, las aportaciones literarias y educativas del siglo XIX; el auge de la creación vinculada a la cultura popular a partir de la Revolución; la convivencia de las tradiciones del México profundo con las expresiones de las vanguardias artísticas contemporáneas. Concebimos a la cultura mexicana como un proceso inmerso en el tiempo que tiene su pasado, su presente y sus proyecciones hacia el futuro, que se recrea y renueva constantemente, consolidando y preservando nuestra identidad

Existe hoy, una vigorosa corriente cultural de origen mexicano que influye en América del Norte y Latinoamérica. Esa cultura es una de las bases de nuestra soberanía en una época de globalización. Elementos fundamentales de una buena política cultural, son el respeto a la diversidad y la atención especial hacia aquellas expresiones que, como la indígena, hayan sido discriminadas; el desarrollo de la cultura propia de las mujeres, los jóvenes y los migrantes, así como la apertura hacia todas las expresiones culturales valiosas de los demás pueblos del mundo, difundidas por las nuevas tecnologías de la información.

La cultura no es un campo ajeno al desarrollo económico. Es, por lo contrario, uno de sus aspectos fundamentales. Juega un papel vital para impulsar una actitud positiva hacia el saber, el espíritu de innovación, la disposición al cambio y la absorción de nuevas tecnologías, formas de trabajo y organización económica .Es además, una generadora cada vez más importante de empleos, inversión e ingresos fiscales. Las industrias de la cultura, en sus múltiples manifestaciones actuales están presentes en la producción de bienes tangibles y los servicios y representan en México un porcentaje elevado del PNB. Considerando la creatividad, el dinamismo y la diversidad de la cultura nacional, pueden crecer todavía más.

La cultura eleva la calidad de la vida de la gente y enriquece sus experiencias artísticas y espirituales, a veces, incluso a pesar de las carencias económicas en que se desenvuelve. Es un antídoto eficaz en la lucha contra la descomposición social, la violencia y la delincuencia.

La democracia que estamos construyendo no es sólo un conjunto de instituciones, es también una cultura. Para un país que está saliendo de tradiciones autoritarias, las nuevas instituciones no se consolidarán si a la vez no se produce un importante cambio en los valores y las ideas de los ciudadanos, si las viejas relaciones patriarcales, clientelares y caciquiles, no son sustituidas por una conciencia ciudadana de derechos y obligaciones fijados por la ley. La creación de espacios públicos independientes en los cuales pueda desarrollarse la participación, el debate y el análisis de ideas, es el mejor antídoto contra el autoritarismo. La actitud crítica hacia la corrupción, la injusticia social y la ausencia de ética en la política es la base del desarrollo de la democracia.

Por eso la cultura forma parte de este programa como un rubro de gran importancia. Es concebida como un elemento fundamental en el desarrollo y el progreso de la economía, la sociedad y la política. Se considera por lo tanto, no como un gasto, sino como una inversión. El Estado no debe concebirse a sí mismo como creador de cultura, pretender un papel rector o tratar de convertirse en un factor de control. A él le compete, sobre todo, fomentar y apoyar los proyectos que nacen de la sociedad y estimular y subsidiar las industrias editoriales, cinematográficas y culturales en general, asegurando la libertad de opinión y expresión de los creadores. Es su responsabilidad estimular la creatividad artística y cultural con equidad, transparencia, y descentralización.

El neoliberalismo ha influido profundamente en la cultura mexicana contemporánea. En los últimos cuatro gobiernos, junto a las barreras comerciales han desaparecido las ideas de solidaridad tercermundista, las referencias a la Revolución mexicana, y los problemas de la desigualdad. Según el pensamiento único, el mercado debe dominar no sólo a la economía, sino a la sociedad y la cultura en todas sus expresiones. La tesis que ha dominado la cultura política en los últimos veinte años es que el mercado, liberado de la intervención del estado, acabará por crear condiciones de bienestar para todos. Pero eso no ha sucedido, ni sucederá. La transnacionalización de las grandes empresas de televisión y el dominio del consumismo han penetrado en todos los poros de la sociedad. Los gobiernos neoliberales han considerado que la actividad científica, artística e intelectual es un tema de segunda importancia que sólo sirve como un complemento decorativo. Por ello le han dedicado recursos marginales. La empresa privada también se ha ocupado de ella, pero en el marco exclusivo de una lógica mercantilista. Los medios de comunicación más poderosos adoptaron criterios ante los cuales la difusión cultural y artística se presenta como un costo que debe ser minimizado. Por su parte, los partidos políticos, dedicados exclusivamente a las tareas electorales no impulsan programas coherentes para el desarrollo de la cultura.

Diagnóstico de la cultura y sus instituciones

El desarrollo cultural como parte fundamental de la nacionalidad mexicana está consagrado en distintas leyes y disposiciones. El artículo 3 de la Constitución, establece como obligación del Estado alentar el fortalecimiento y difusión de nuestra cultura. El artículo 123 establece que los salarios mínimos deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades básicas de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural. En materia de composición pluricultural, en el artículo 4 se señala que la Ley protegerá y promoverá el desarrollo de las lenguas, culturas, usos y costumbres, recursos y formas específicas de organización social de los pueblos indígenas. Los artículos 6 y 7 garantizan la libertad de creación y de su difusión. Conforme al artículo 73, el Congreso de la Unión puede legislar en materia de cine, escuelas de bellas artes, museos, bibliotecas y demás instituciones culturales. Puede además, establecerlas y sostenerlas en toda la república. Las instituciones estatales existentes cuentan también con un marco jurídico que debe ser revisado y adaptado a las necesidades actuales.

A partir de 1940 se realizaron importantes contribuciones al desarrollo institucional y de infraestructura cultural, centradas casi todas en la Ciudad de México. Se creó el Instituto Nacional de Bellas Artes en 1946, El Auditorio Nacional fue inaugurado en 1950, la red de teatros del Seguro Social se creó en las décadas de los años 50 y 60, y los museos Nacional de Antropología y de Arte Moderno fueron abiertos en 1964, entre otras muchas cosas.

Sin embargo, esas importantes contribuciones fueron opacadas por el sostenimiento de una política cultural oficialista que privilegiaba a los “intelectuales de Estado” y marginaba a quienes no se alineaban a tal política, a menos que su propia excepcionalidad y brillantez impidiera su arrinconamiento. El Estado asumió el papel de “mecenas” cultural con fines de control.

En 1988 se fundó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Su objetivo era coordinar a las instituciones culturales existentes aprovechando la infraestructura existente. Poco después se creó el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) que sumaba recursos públicos y privados para el fomento de las artes y la conservación del patrimonio del país. Su creación fue, sin duda, un paso adelante con respecto a su antecedente, la Subsecretaría de Cultura dependiente directamente de la Secretaría de Educación Pública, pero el carácter secundario que se le atribuyó a lo cultural en los gobiernos neoliberales redujo sus posibilidades. Esto se refleja incluso formalmente, hasta la fecha, al denominarse “subsector cultura” el aparato administrativo encargado de las tareas en ese rubro. Al principio, estas iniciativas despertaron ilusiones de que las nuevas instituciones abrirían espacio a los creadores en la determinación de las políticas culturales. Pero, la política cultural del régimen frustró tales esperanzas. El CONACULTA fue desde el principio una institución centralista y burocrática y pese a las buenas intenciones de algunos de sus titulares, no se superó la pretensión gubernamental de controlar las actividades culturales, pues fueron escasos los espacios que se abrieron para la intervención de la sociedad y los creadores en la toma de decisiones. Lo mismo sucedió con el Centro Nacional de las Artes fundado para impulsar el desarrollo de la educación artística.

Un fenómeno muy importante de los últimos tres lustros ha sido el surgimiento de Institutos y Secretarías de Cultura en varios estados de la república. Ellos llevan un peso creciente en la definición de la política cultural de sus localidades, adaptándose a sus necesidades específicas e impulsando cada vez más la participación ciudadana a nivel municipal. Algunos de ellos han incluso tomado iniciativas a nivel de las comunidades, abriendo espacios para el conocimiento y el encuentro de diferentes expresiones y corrientes en un ambiente de convivencia.

Todavía queda mucho por hacer en materia de cultura. Existen grandes carencias y desigualdades que deben ser abordadas. En las instancias del gobierno federal, siguen predominando políticas elitistas que no dan suficiente importancia a la corresponsabilidad y participación activa de todos los sectores de la población. Su acción institucional en los Estados, es muy limitada. Frecuentemente, los presupuestos para fomento y estímulo siguen aplicándose bajo la responsabilidad individual de los funcionarios. La danza clásica y moderna es quizá la actividad cultural menos promovida; los recursos dedicados al mantenimiento y desarrollo de las orquestas mexicanas son insuficientes, pese a su prestigio nacional e internacional; el teatro ha sido dejado casi exclusivamente en manos de promotores comerciales; las artes plásticas dependen cada vez más de la mercantilización, no obstante la tradición de que gozan en México sus expresiones populares; el cine ha sido privado de casi todos sus respaldos oficiales a pesar de sus éxitos de reconocimiento internacional.

Se estima que en México hay más de 200 mil sitios arqueológicos, pero el Instituto Nacional de Antropología e Historia sólo ha podido catalogar 33,194 y únicamente tiene 156 zonas arqueológicas abiertas al público.

Siendo las bibliotecas el principal instrumento para la democratización y la promoción de la lectura, las 6,810 existentes son notoriamente insuficientes pues el promedio nacional de habitantes por biblioteca es de 15,470. Además, hay una gran desigualdad en el país en este servicio. En Guanajuato hay más de 37,000 habitantes por biblioteca, en Baja California 30,000, en Tamaulipas y Jalisco alrededor de 26,000 y en Querétaro, el D. F., el estado de México, San Luis Potosí, Chihuahua, Michoacán y Coahuila casi 20 mil habitantes por cada biblioteca.

En materia de salas de lectura la infraestructura resulta también insuficiente pues al terminar 2003, el promedio nacional de habitantes por cada sala de lectura que era de 25,674, llegaba casi a 78,000 en Baja California Sur, a alrededor de 72,000 en el estado de México, a 60,000 en Veracruz, 55,000 en Guerrero, más o menos 43,000 en Oaxaca y Puebla y unos 40,000 en el D. F. y Jalisco.

Situaciones más graves se presentan en lo que se refiere a la insuficiencia de la infraestructura cultural y a las enormes desigualdades que hay entre los diversos estados en materia de Casas de Cultura, Museos y librerías. El promedio nacional de habitantes por cada Casa de Cultura o Centro Cultural es de 61,233. En Baja California llega a casi 275,000 por recinto; en Guerrero a alrededor de 140,000; en Chihuahua a unos 120,000 lo mismo que en Sinaloa, En San Luis Potosí hay 100,000 habitantes por recinto, cantidad que casi es alcanzada en el estado de México.

En el caso de los museos es alarmante que el promedio nacional de habitantes por cada uno de ellos sea de 92,139, cifra que se eleva a más de 182,000 en Veracruz, a unos 170,000 en el estado de México, a 160,000 en Tamaulipas, a casi 140,000 en Guanajuato y 125,000 en Campeche, por citar sólo los casos más relevantes.

Por lo que se refiere a las librerías, la infraestructura existente hace que el promedio nacional de habitantes por cada una de ellas sea de 85,064 personas, cantidad que se eleva en Tlaxcala a más de 320,000, en Colima a unas 270,000, en Oaxaca a más de 210,000, en Chiapas a casi 200,000 y en Michoacán a alrededor de 180,000.

Finalmente, México tiene un promedio de 179,197 habitantes por cada uno de los teatros existentes y 34,531 por cada sala de cine. Pero botones de muestra de la desigualdad son el que ese promedio llega a alrededor de 880,000 habitantes por teatro en el estado de México y a más de 130,000 por cada cine en Oaxaca.

Destaca asimismo que el apoyo al rubro de las culturas populares e indígenas cuenta con los presupuestos más bajos del gasto cultural. Hay nuevos programas a favor de la diversidad cultural y de los migrantes, pero ninguno dirigido a los jóvenes. En cambio, sí se ha invertido en 1,500 apoyos a creadores, especialistas, etcétera, para que difundan la cultura de México en el mundo.

Plan de acción

La ausencia de una política cultural a mediano y largo plazo a todos los niveles del gobierno es uno de los grandes obstáculos que frenan el desarrollo sustentable en México. Para resolver este problema, proponemos adoptar como principios básicos de política cultural, la equidad, la democracia y la defensa de la soberanía y para su realización presentamos el siguiente plan de acción:

Primero: Se realizará un Gran Diálogo Nacional Sobre Cultura, a nivel municipal, estatal y federal al que se convocará a los creadores, agrupaciones sociales e instituciones privadas interesadas en la cultura y a la sociedad en cada nivel para elaborar una Ley Nacional de Cultura que, inicialmente, incluya los principios y normas que deben seguirse en la protección y difusión del patrimonio arqueológico, histórico y cultural de México, el estímulo a la creatividad y educación artísticas y la difusión del arte y la cultura además de que fije el porcentaje mínimo fijo del presupuesto federal que debe dedicarse a la cultura, de modo que el gasto en este rubro no esté sujeto a la discrecionalidad. No se tratará de una más de las consultas que han organizado otros gobiernos para después hacer lo que han querido, sino de un diálogo en el que los consensos que se alcancen serán asumidos por el Ejecutivo para presentarlos como iniciativa de ley al Congreso de la Unión.

Segundo: Durante el sexenio se trabajará en reducir las desigualdades en materia de infraestructura cultural que existen entre los estados de la república concentrando los esfuerzos en las 10 entidades más desfavorecidas en cada rubro. Así, se orientará a la creación de bibliotecas en Guanajuato, Baja California, Tamaulipas, Jalisco, Querétaro, el D.F., el estado de México, San Luis Potosí, Chihuahua y Michoacán; en la apertura de salas de lectura en Baja California Sur, estado de México, Veracruz, Guerrero, Puebla, el D.F., Jalisco, Michoacán y Tamaulipas; en la puesta en marcha de Casas de la Cultura en Baja California, Guerrero, Chihuahua, Sinaloa, San Luis de Potosí, el estado de México, Guanajuato, Veracruz, Nayarit y Durango y en la creación museos en Veracruz, el estado de México, Tamaulipas, Guanajuato, Campeche, San Luis Potosí, Baja California, Michoacán, Oaxaca y Sinaloa. En todos los casos se buscará que la obra se realice mediante la colaboración del gobierno federal, los estatales y municipales así como agrupaciones culturales locales e instituciones sociales y privadas interesadas en la cultura, pero, además, se dedicarán recursos, incentivos fiscales, etcétera, para apoyar y promover la apertura de librerías, salas de cine y teatros en las entidades que presentan más rezagos en la correlación del número de sus habitantes y la cantidad de recintos de cada tipo. En el sexenio la meta será atender prioritariamente a las regiones que carecen absolutamente de recintos culturales y están lejanas de aquellas en que sí existen.

Tercero: Se aumentarán considerablemente el número de becas y apoyos a proyectos que se ofrecen a los creadores por medio del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), el Instituto Nacional de Bellas Artes(INBA) y otras instituciones locales, diversificando los programas para que respondan a la gran diversidad de necesidades. Para ello se establecerán bases claras y accesibles para la participación en programas y proyectos. Se tomarán medidas rigurosas para que los procesos sean justos y transparentes.

Se dará un apoyo decidido a todas las expresiones del arte y la literatura que enriquecen a las personas y a la colectividad. No regatearemos respaldo a ninguna creación cultural porque se le considere “arte para minorías” ni dudaremos en apoyar a los creadores que buscan que su obra impacte a amplios sectores de la sociedad. La apropiación de la cultura, en todas sus manifestaciones, enriquece la vida lo mismo de los individuos que de las colectividades. Coartar las expresiones de vanguardia, que muchas veces son comprendidos por públicos reducidos, sería castrar el desarrollo de la cultura en su conjunto. Cerrarse a las manifestaciones de la cultura popular, por considerarlas “de poca calidad”, sería adoptar una actitud elitista en contra de nuestras tradiciones.

Cuarto: Se otorgará al desarrollo y preservación de las culturas populares e indígenas el mismo nivel de importancia que a la investigación y preservación del patrimonio cultural, la educación e investigación culturales y la difusión de la cultura y no como ocurre actualmente que son reducidos los apoyos y actividades de que disponen. Se promoverán convenios, programas de trabajo conjuntos, etcétera, con los agrupamientos interesados que impulsen no sólo el mantenimiento, sino el desarrollo de las culturas indígenas, la creación de medios impresos y electrónicos en sus propias lenguas, la investigación y difusión de sus tradiciones y costumbres buscando que sean aprovechadas en sentido positivo por toda la sociedad. También será prioritario el respaldo a las expresiones culturales locales que han surgido en los últimos tiempos y, especialmente, a los movimientos culturales de jóvenes, migrantes, grupos de diversidad de género, etcétera. Habrá programas específicos de apoyo y actividad para cada uno de los sectores mencionados.

Quinto: Se desarrollará un Programa Nacional de Cultura Cívica y Participación Ciudadana orientado a difundir y enraizar entre la población, mediante publicaciones, conferencias, etcétera, el conocimiento del marco legal que facilita la democracia y la convivencia social, los derechos y obligaciones de los mexicanos, la solidaridad social para combatir la delincuencia, la corrupción y la violencia, así como una cultura que fomente la participación en los asuntos sociales y políticos y las formas a que tienen acceso los ciudadanos para inconformarse o transformar ese marco legal. Como parte de ese programa se realizarán de manera permanente actos destinados a fortalecer una cultura de derechos humanos, convivencia social, defensa del medio ambiente y combate a todo tipo de discriminación y exclusión.

Sexto: Se Creará un Sistema Nacional de Apoyo logístico, de difusión, técnico y de colaboración con elencos artísticos, agrupaciones de creadores y organizaciones civiles que realizan labor cultural para que sus esfuerzos tengan mayor proyección en danza, música, teatro, artes plásticas, etcétera. Al mismo tiempo, se apoyará, mediante un programa especial, exenciones fiscales y, en la medida de lo posible, recursos financieros para la formación, permanencia y desarrollo de empresas culturales autogestivas en barrios, pueblos y colonias y se promoverán los cambios legales necesarios para el impulso de sociedades mercantiles culturales que comercialicen revistas, libros, discos, videos y otros.

Séptimo: Se lanzará un Plan Nacional de Preservación y Aprovechamiento Sustentable del Patrimonio Arqueológico, Histórico y Cultural de México, otorgándole a esta tarea un presupuesto suficiente y buscando formas de financiamiento complementarias. Estamos convencidos que en las tareas de rescate, preservación y aprovechamiento social de las zonas arqueológicas, de los sitios e inmuebles históricos, etcétera, se debe otorgar derecho de opinión a las comunidades rurales y colectividades urbanas que viven en sus entornos o están histórica y culturalmente ligadas a esas zonas y sitios. Para ello habrá que crear condiciones que garanticen un diálogo fructífero con los investigadores, estudiosos e instituciones encargadas de su resguardo.

Octavo: Para fomentar la lectura, se emprenderá el Programa Nacional “El Libro en tus Manos” que incluirá dos aspectos: la coedición en grandes tirajes de grandes obras literarias, de artes plásticas y científicas (poniendo énfasis en las orientadas a niños y adolescentes) y la realización de Ferias del Libro. Las coediciones servirán para impulsar a la industria editorial del país y ofrecer a la sociedad títulos a precios accesibles. La selección de las obras a publicar será encargada a consejos de especialistas prestigiados en cada tema con el criterio de que se trate de títulos con amplio reconocimiento de la cultura nacional y universal y que sean cercanos a los gustos de la gente, contribuyendo a elevarlos, o que le aporten conocimientos y vivencias útiles en su vida cotidiana. En lo que se refiere a las Ferias del Libro la meta del sexenio será que, en colaboración con los gobiernos estatales, se realice cuando menos una anualmente en cada entidad federativa. Para el mediano plazo se buscará sentar las bases para que se lleven a cabo Ferias del Libro en todos los municipios y delegaciones de la república.

Noveno: Se emprenderá una Campaña Nacional Permanente de Conocimiento y Difusión de la Ciencia que incluirá, como primer aspecto, la edición masiva de folletos encargados a especialistas o ya publicados que traten temas científicos en términos accesibles o se refieran a temáticas útiles para la vida, el trabajo y la salud de la sociedad. Los textos de los folletos serán encargados a autores o seleccionados de obras ya publicadas por un consejo de científicos con amplio reconocimiento en sus respectivas áreas. El segundo aspecto consistirá en la realización de charlas, mesas redondas y conferencias sobre temas científicos que, durante el sexenio, se realizarán en todas las ciudades del país y en el mayor número posible de poblaciones más pequeñas. A mediano plazo, se buscará crear un sistema nacional de difusores de la ciencia que lleve al mayor número posible de poblaciones, sobre todo rurales, charlas científicas.

Décimo: Se realizará un Programa Permanente de Difusión de la Cultura y el Arte que lleve a las plazas públicas y locales cerrados más amplios la presentación de espectáculos musicales, de danza y teatro de artistas de amplio reconocimiento y de creadores, sobre todo jóvenes, cuya obra merezca ser difundida por sus aportaciones. El Programa abarcará también el montaje de exposiciones de artes plásticas, fotografía, escultura, presentaciones de performance, etcétera, en locales que se acerquen a los lugares de vida y trabajo de la gente. Se partirá de la asesoría de Consejos de especialistas en cada área para decidir las programaciones de espectáculos y exposiciones.

Decimoprimero: Se buscará la creación de un Sistema Nacional de formación, investigación y capacitación artística y de formación de promotores culturales. Se seguirá la orientación de que ese sistema debe ser homogéneo nacionalmente en lo que se refiere a la calidad de sus servicios pero respetando la diversidad de necesidades regionales, de rama de la actividad artística y cultural, etcétera. En el sexenio se tendrá la meta de abrir planteles del sistema en los estados en los cuales no hay ninguno para satisfacer las necesidades de quienes quieren formarse como artistas o promotores culturales y fortalecer los ya existentes y se procurará sentar las bases para que a más largo plazo no haya ninguna entidad de la república que carezca de escuelas de este tipo.

Decimosegundo: Se promoverá ante el Congreso de la Unión, ya sea como parte de la Ley de Cultura o de modificaciones a la Ley Federal de Radio y Televisión, el que los medios televisivos concedan espacios suficientes para la difusión de programas culturales no comerciales.

Decimotercero: Se promoverá y facilitara el otorgamiento de permisos para la operación de emisoras de radio y televisión comunitarias, educativas y culturales y se prestará todo el apoyo técnico y ayudas financieras que sea posible para sus sostenimiento. La meta durante el sexenio será regularizar y garantizar el desarrollo de las ya existentes o en proceso de formación y lograr, si hay interés en ello, que al menos los principales pueblos indios, agrupaciones comunitarias ya organizadas, e instituciones educativas cuenten con radiodifusoras. Se buscará de manera especial que la UNAM cuente con un canal propio de Televisión.

Decimocuarto: Se impulsará un programa de apoyo a la producción, distribución y exhibición de películas mexicanas de calidad cuyas características se definirán en consulta con los creadores y empresas nacionales dedicados a la actividad cinematográfica. Ese programa se orientará a facilitar el respaldo financiero público y privado a la producción fílmica, a garantizar que las cintas mexicanas tengan un espacio suficiente garantizado en la exhibición comercial, a la realización de concursos para que guionistas directores y actores noveles tengan oportunidad de que su obra llegue al público y a la realización de festivales que promuevan el cine mexicano en todos los estados de la república. Aparte, se fomentará, mediante festivales y otras actividades, la difusión en todo el país del cine proveniente de otras naciones que contribuya al conocimiento de sus culturas y costumbres.


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