Desde la puesta en
marcha del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN)
en 1994, México triplicó sus exportaciones
de manufacturas y consecuentemente el tamaño
de su planta manufacturera con mayor inversión.
El sector agrícola resultó perjudicado,
desde la entrada en vigencia del TLCAN se desplazó producción
nacional y agravó el déficit comercial
y, en consecuencia, se aceleró la perdida
de empleo y el rezago en el crecimiento del producto
agropecuario problemas que ya afectaban el campo
mexicano desde hace varias décadas. Con
el creciente desempleo, se intensificaron el
abandono de tierras y la emigración de
trabajadores y jornaleros que ya no encuentran
una ocupación que les garantice ingresos
suficientes para satisfacer un mínimo
nivel de vida..
Estos
resultados eran de esperarse y ante la insuficiencia
de las
medidas de política
para compensar por los costos de la apertura
y ante la inminencia de la desgravación
total, se han sucedido continuamente las numerosas
manifestaciones de productores y grupos indígenas
y rurales en contra de la apertura indiscriminada
del campo. No eran de sorprender los efectos
sobre el sector agropecuario, en primer lugar
por la inmensa brecha que separa la productividad
del sector agropecuario mexicano y la estadounidense;
y en segundo término porque el mercado
agrícola internacional dista mucho de
ser un mercado perfecto, competitivo. Por una
parte, la agricultura siempre ha sido el sector
más protegido por los países
avanzados, los cuales han mantenido una estricta
política de seguridad alimentaria. Por
otra parte, hay una gran concentración
del comercio de granos. Así por ejemplo,
los Estados Unidos controlan más del
40% de la producción de maíz
mundial; 50% de las exportaciones de maíz
y soya; y cerca del 90% de las de sorgo.
Así ha sido desde la formación
del Acuerdo General de Aranceles y Comercio
(GATT en sus siglas en inglés) después
de la Segunda Guerra y así se ha mantenido
a lo largo de todas las rondas de negociaciones
de liberación comercial a cargo ahora
de la Organización Mundial de Comercio
(OMC) hasta su última reunión
ministerial en Cancún en 2003. Esa reunión
confirmó una vez más que no hay
condiciones para liberalizar el comercio agrícola
en el mundo y que los países tienen
en consecuencia que ser más vigilantes
de sus propios intereses en este sector. Estados
Unidos otorga apoyos anuales al sector agropecuario
que ascienden a 16 mil dólares por trabajador
rural, mientras que México hace transferencias
que ascienden a mil dólares.
El tratamiento especial
a la agricultura en los países avanzados mediante subsidios
y apoyos del Estado ha sido un problema de
todas las áreas de libre comercio. En
Europa la política agrícola común
genera constantes fricciones entre los mismos
miembros. En Norteamérica la liberalización
agrícola ha causado serios problemas
a México, uno de los cuales es evidente
en el sector azucarero y el otro en el maíz
y frijol, aparte del desplazamiento de otros
productos, como la papa, la manzana, la soya
o el sorgo.
Precisamente, en testimonio
de los problemas por venir y en virtud de
las posiciones proteccionistas
de Estados Unidos y Canadá, en agricultura
no hay un solo acuerdo sino tres acuerdos bilaterales:
uno, entre Estados Unidos y México,
otro entre Canadá y México, y
otro entre Canadá y Estados Unidos en
el cual se preservaron los compromisos signados
anteriormente en un acuerdo firmado a finales
de los años ochenta.
Los negociadores mexicanos en el TLCAN siempre
asignaron un lugar secundario a la agricultura
en su lista de prioridades para protegerla
de la liberalización y otorgaron mayores
concesiones y ventajas a los Estados Unidos
que las que éste concedió a
nuestro país. Es notable, por ejemplo,
cómo evitaron la apertura de la banca,
recientemente privatizada, o del sector automotriz,
y en cambio negociaron la desgravación
de todo el universo agropecuario sin excepción
ninguna. Esperaron quizás que el crecimiento
de la economía una vez firmado el
TLCAN, sería de tal magnitud que crearía
los empleos en la industria necesarios para
absorber el desempleo agrícola que
la liberalización induciría.
En estos cálculos se equivocaron y
el resultado es la creciente pobreza del
campo, la mayor emigración hacia Estados
Unidos de trabajadores agrícolas desplazados,
y el abandono de las tierras anteriormente
productivas.
Es necesario, por
lo tanto, retomar el tema de la liberalización del maíz
y del fríjol, misma que de acuerdo con
el calendario de desgravación del TLCAN,
cobraría vigencia a partir de 2008.
Para hacerlo creemos que no es necesario cuestionar
la vigencia de todo el TLCAN. A más
de 10 años de inicio, es comprensible
que los tres países tengan una agenda
de temas que desearían reexaminar bajo
la realidad actual y tomando en cuenta sus
experiencias.
Nos proponemos exponer
el caso del maíz
y el fríjol mexicanos en el TLCAN ante
nuestros dos socios norteamericanos para hacerles
ver las ventajas de mantener una protección
suficiente y adecuada en este sector en función
de:
1.- Garantizar
que un amplio sector de la población
rural mexicana produzca los alimentos que
en parte ellos mismos consumen
y generen los excedentes necesarios para
que con su comercialización puedan
adquirir los bienes y servicios que requieren;
para
ellos la producción es una forma de
vida y no una elección entre producir
o importar;
2.- Enfrentar el problema de la falta de
empleos suficientes en la industria manufacturera
desde
bases más realistas que las que se
habían
usado en la negociación de principios
de la década de los 1990s;
3.- Frenar el abandono de tierras y las
presiones migratorias hacia el norte de México;
4.- Coadyuvar a la estabilidad y la cohesión
sociales de México.
El caso de estos productos
tiene suficiente mérito debido a que 3 millones de familias
dependen de estos cultivos en grado importante.
Los productores de maíz y fríjol
de temporal y de riego han elevado su productividad
y los rendimientos por hectárea, lo
que sugiere su potencial de producción
y justifica, por lo tanto, impedir la desgravación
total de dichos productos en 2008. Esto puede
lograrse mediante múltiples vías
que satisfagan nuestros intereses y los de
nuestros socios comerciales..
Posibles
Vías de Entendimiento
con Estados Unidos y Canadá
Una primera vía de entendimiento sería
con una visión constructiva, es decir
examinar en un foro trilateral el maíz
y fríjol así como otros productos
que presentan problemas con respecto a la negociación
original y emprender un entendimiento para
todos ellos. Esta vía permitiría
a la vez reabrir la discusión sobre
formas para profundizar el TLCAN y ampliarlo
hacia nuevos estadios de desarrollo.
Bajo esta primera vía, México
debería igualmente presentar el caso
del azúcar, el cual fue objeto de cartas
paralelas propuestas por Estados Unidos y aceptadas
por México que modificaron las modestas
concesiones que el Tratado original aseguraba
para México.
Este es un tema delicado
para nuestro país
porque limita en tal grado a nuestra industria
azucarera que llevó al cabo de algunos
años a que el estado mexicano se viera
obligado a expropiar 27 ingenios azucareros
incapaces de mantener sus operaciones rentables,
lo que amenazaba con dejar a los campesinos
cañeros sin empleo
En otro sector que
podría igualmente
incorporarse a una amplia negociación,
México logro el acceso en el TLCAN de
su transporte de carga a territorio estadounidense
a partir del año 1995, pero bajo argumentos
técnicos este acceso le ha sido negado
hasta la fecha, a pesar de que el panel binacional
de arbitraje opina en favor de la apertura.
Una segunda vía de entendimiento sería
la firma de cartas paralelas para el maíz
y el fríjol que modificarían
en la práctica los compromisos entre
países, pero que sólo deben ser
firmadas por los Secretarios de Comercio de
ambos.
Además de las cartas paralelas que
México firmó a petición
de Estados Unidos en materia de azúcar,
este mecanismo también fue utilizado
para el jugo de naranja.
La tercera vía consistiría
en la suspensión unilateral del TLCAN
para estos productos de manera similar a como
Estados Unidos suspendió la vigencia
de los compromisos en materia de transporte
de carga.
La
Visión de
Largo Plazo del TLCAN
Una asociación comercial de largo plazo
y su eventual profundización hacia otros
niveles de cooperación económica
no debe pasar por alto la presencia de áreas
problema, como han sido para México
el azúcar, el transporte, el maíz
y fríjol. En la industria también
hay temas que hoy es claro deben reexaminarse
y que en el momento de la negociación
no lo era. Entre ellos el de las reglas de
origen de ciertos productos de nuestro interés
y el de las maquiladoras (Véase Compromisos
No 24 y 25). La solución a estos temas
es prioritaria como condición previa
para dar nuevos impulsos a la cooperación
norteamericana con una visión de largo
plazo.
México ha comprendido que la falta
de acceso de su transporte de carga al mercado
estadounidense ha sido eminentemente por restricciones
políticas y sociales que no han permitido
al Ejecutivo de nuestro país vecino
poner dicho acuerdo en ejecución. De
la misma manera México podrá mostrar
ante sus socios la seria dificultad política
y social que representa la completa liberalización
del maíz y del fríjol por sus
efectos sobre una población numerosa
y las presiones sociales, de empleo y de emigración
que acarrearía.
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