Gobierno Legítimo de México
Miércoles, 20 de Agosto de 2008
Noticias
Comunicados

Conferencias

Discursos
Entrevistas
Fotogalería
Videos
Trayectoria Política
Contacto
Otras Seciones
La Otra Versión
Capsulas de Mandoki
¿Quien es,
el Sr. López?
Campaña
Promocionales de Radio y TV

Galería Ciudadana Canciones


  50 COMPROMISOS
Compromiso 19
Ver:




 

Buscaremos un acuerdo con los gobiernos de Estados Unidos y Canadá para evitar que se aplique en 2008, como se establece en el Tratado de Libre Comercio, la libre importación de maíz y fríjol de cuyos cultivos dependen alrededor de 3 millones de familias campesinas.

 

Maíz y Fríjol en el TLC
 


Desde la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) en 1994, México triplicó sus exportaciones de manufacturas y consecuentemente el tamaño de su planta manufacturera con mayor inversión. El sector agrícola resultó perjudicado, desde la entrada en vigencia del TLCAN se desplazó producción nacional y agravó el déficit comercial y, en consecuencia, se aceleró la perdida de empleo y el rezago en el crecimiento del producto agropecuario problemas que ya afectaban el campo mexicano desde hace varias décadas. Con el creciente desempleo, se intensificaron el abandono de tierras y la emigración de trabajadores y jornaleros que ya no encuentran una ocupación que les garantice ingresos suficientes para satisfacer un mínimo nivel de vida..

Estos resultados eran de esperarse y ante la insuficiencia de las medidas de política para compensar por los costos de la apertura y ante la inminencia de la desgravación total, se han sucedido continuamente las numerosas manifestaciones de productores y grupos indígenas y rurales en contra de la apertura indiscriminada del campo. No eran de sorprender los efectos sobre el sector agropecuario, en primer lugar por la inmensa brecha que separa la productividad del sector agropecuario mexicano y la estadounidense; y en segundo término porque el mercado agrícola internacional dista mucho de ser un mercado perfecto, competitivo. Por una parte, la agricultura siempre ha sido el sector más protegido por los países avanzados, los cuales han mantenido una estricta política de seguridad alimentaria. Por otra parte, hay una gran concentración del comercio de granos. Así por ejemplo, los Estados Unidos controlan más del 40% de la producción de maíz mundial; 50% de las exportaciones de maíz y soya; y cerca del 90% de las de sorgo.

Así ha sido desde la formación del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT en sus siglas en inglés) después de la Segunda Guerra y así se ha mantenido a lo largo de todas las rondas de negociaciones de liberación comercial a cargo ahora de la Organización Mundial de Comercio (OMC) hasta su última reunión ministerial en Cancún en 2003. Esa reunión confirmó una vez más que no hay condiciones para liberalizar el comercio agrícola en el mundo y que los países tienen en consecuencia que ser más vigilantes de sus propios intereses en este sector. Estados Unidos otorga apoyos anuales al sector agropecuario que ascienden a 16 mil dólares por trabajador rural, mientras que México hace transferencias que ascienden a mil dólares.

El tratamiento especial a la agricultura en los países avanzados mediante subsidios y apoyos del Estado ha sido un problema de todas las áreas de libre comercio. En Europa la política agrícola común genera constantes fricciones entre los mismos miembros. En Norteamérica la liberalización agrícola ha causado serios problemas a México, uno de los cuales es evidente en el sector azucarero y el otro en el maíz y frijol, aparte del desplazamiento de otros productos, como la papa, la manzana, la soya o el sorgo.

Precisamente, en testimonio de los problemas por venir y en virtud de las posiciones proteccionistas de Estados Unidos y Canadá, en agricultura no hay un solo acuerdo sino tres acuerdos bilaterales: uno, entre Estados Unidos y México, otro entre Canadá y México, y otro entre Canadá y Estados Unidos en el cual se preservaron los compromisos signados anteriormente en un acuerdo firmado a finales de los años ochenta.

Los negociadores mexicanos en el TLCAN siempre asignaron un lugar secundario a la agricultura en su lista de prioridades para protegerla de la liberalización y otorgaron mayores concesiones y ventajas a los Estados Unidos que las que éste concedió a nuestro país. Es notable, por ejemplo, cómo evitaron la apertura de la banca, recientemente privatizada, o del sector automotriz, y en cambio negociaron la desgravación de todo el universo agropecuario sin excepción ninguna. Esperaron quizás que el crecimiento de la economía una vez firmado el TLCAN, sería de tal magnitud que crearía los empleos en la industria necesarios para absorber el desempleo agrícola que la liberalización induciría. En estos cálculos se equivocaron y el resultado es la creciente pobreza del campo, la mayor emigración hacia Estados Unidos de trabajadores agrícolas desplazados, y el abandono de las tierras anteriormente productivas.

Es necesario, por lo tanto, retomar el tema de la liberalización del maíz y del fríjol, misma que de acuerdo con el calendario de desgravación del TLCAN, cobraría vigencia a partir de 2008. Para hacerlo creemos que no es necesario cuestionar la vigencia de todo el TLCAN. A más de 10 años de inicio, es comprensible que los tres países tengan una agenda de temas que desearían reexaminar bajo la realidad actual y tomando en cuenta sus experiencias.

Nos proponemos exponer el caso del maíz y el fríjol mexicanos en el TLCAN ante nuestros dos socios norteamericanos para hacerles ver las ventajas de mantener una protección suficiente y adecuada en este sector en función de:

1.- Garantizar que un amplio sector de la población rural mexicana produzca los alimentos que en parte ellos mismos consumen y generen los excedentes necesarios para que con su comercialización puedan adquirir los bienes y servicios que requieren; para ellos la producción es una forma de vida y no una elección entre producir o importar;

2.- Enfrentar el problema de la falta de empleos suficientes en la industria manufacturera desde bases más realistas que las que se habían usado en la negociación de principios de la década de los 1990s;

3.- Frenar el abandono de tierras y las presiones migratorias hacia el norte de México;

4.- Coadyuvar a la estabilidad y la cohesión sociales de México.

El caso de estos productos tiene suficiente mérito debido a que 3 millones de familias dependen de estos cultivos en grado importante. Los productores de maíz y fríjol de temporal y de riego han elevado su productividad y los rendimientos por hectárea, lo que sugiere su potencial de producción y justifica, por lo tanto, impedir la desgravación total de dichos productos en 2008. Esto puede lograrse mediante múltiples vías que satisfagan nuestros intereses y los de nuestros socios comerciales..


Posibles Vías de Entendimiento con Estados Unidos y Canadá

Una primera vía de entendimiento sería con una visión constructiva, es decir examinar en un foro trilateral el maíz y fríjol así como otros productos que presentan problemas con respecto a la negociación original y emprender un entendimiento para todos ellos. Esta vía permitiría a la vez reabrir la discusión sobre formas para profundizar el TLCAN y ampliarlo hacia nuevos estadios de desarrollo.

Bajo esta primera vía, México debería igualmente presentar el caso del azúcar, el cual fue objeto de cartas paralelas propuestas por Estados Unidos y aceptadas por México que modificaron las modestas concesiones que el Tratado original aseguraba para México.

Este es un tema delicado para nuestro país porque limita en tal grado a nuestra industria azucarera que llevó al cabo de algunos años a que el estado mexicano se viera obligado a expropiar 27 ingenios azucareros incapaces de mantener sus operaciones rentables, lo que amenazaba con dejar a los campesinos cañeros sin empleo

En otro sector que podría igualmente incorporarse a una amplia negociación, México logro el acceso en el TLCAN de su transporte de carga a territorio estadounidense a partir del año 1995, pero bajo argumentos técnicos este acceso le ha sido negado hasta la fecha, a pesar de que el panel binacional de arbitraje opina en favor de la apertura.

Una segunda vía de entendimiento sería la firma de cartas paralelas para el maíz y el fríjol que modificarían en la práctica los compromisos entre países, pero que sólo deben ser firmadas por los Secretarios de Comercio de ambos.

Además de las cartas paralelas que México firmó a petición de Estados Unidos en materia de azúcar, este mecanismo también fue utilizado para el jugo de naranja.

La tercera vía consistiría en la suspensión unilateral del TLCAN para estos productos de manera similar a como Estados Unidos suspendió la vigencia de los compromisos en materia de transporte de carga.


La Visión de Largo Plazo del TLCAN

Una asociación comercial de largo plazo y su eventual profundización hacia otros niveles de cooperación económica no debe pasar por alto la presencia de áreas problema, como han sido para México el azúcar, el transporte, el maíz y fríjol. En la industria también hay temas que hoy es claro deben reexaminarse y que en el momento de la negociación no lo era. Entre ellos el de las reglas de origen de ciertos productos de nuestro interés y el de las maquiladoras (Véase Compromisos No 24 y 25). La solución a estos temas es prioritaria como condición previa para dar nuevos impulsos a la cooperación norteamericana con una visión de largo plazo.

México ha comprendido que la falta de acceso de su transporte de carga al mercado estadounidense ha sido eminentemente por restricciones políticas y sociales que no han permitido al Ejecutivo de nuestro país vecino poner dicho acuerdo en ejecución. De la misma manera México podrá mostrar ante sus socios la seria dificultad política y social que representa la completa liberalización del maíz y del fríjol por sus efectos sobre una población numerosa y las presiones sociales, de empleo y de emigración que acarrearía.


Ver:


Documento sin título
Documento sin título
© Copyright Derechos Reservados 2005.
Andrés Manuel López Obrador
San Luis Potosí 64 esquina Córdoba, Colonia Roma, Delegación Cuauhtémoc, México, Distrito Federal, C. P. 06700
Teléfonos: 55 84 72 10 y 55 84 72 49.