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Miércoles, 20 de Agosto de 2008
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  Mantendremos una relación de respeto con todos los pueblos y gobiernos del mundo. Haremos valer los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de los conflictos.
 

Respeto al Derecho Internacional
 


Desde el nacimiento de la nación a la vida independiente y durante todo el siglo XIX, las tareas más importantes de la política exterior de México fueron, en un principio, la consolidación de la independencia y, más adelante, la integridad del territorio y la defensa de la soberanía. Por las intervenciones extranjeras. Que el país padeció, la política exterior se centró en la defensa eficaz de los intereses nacionales y su derecho a la autodeterminación. Según los liberales del siglo XIX, el país tenía el derecho de gobernarse con independencia de la voluntad y el poder ajenos. A partir de entonces, se fueron asentando las bases de la diplomacia mexicana, sobre los principios de no intervención y el respeto internacional a la soberanía de nuestras leyes.

No obstante, durante el siglo XX, la historia de nuestro país fue, en buena medida, afectada por los cambios mundiales y, en particular, por los acontecimientos en los Estados Unidos.

La depresión mundial que siguió a la crisis de 1929 y la política emprendida por el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, crearon condiciones favorables para las reformas que se implantaron durante el periodo cardenista.

Más tarde, el auge estadounidense, surgido tras la Segunda Guerra Mundial, facilitó la industrialización del país y, recientemente, la desaparición del bloque socialista y la globalización de los mercados, propiciaron, a partir de los ochenta, la reformas neoliberales de México.

A pesar de este contexto internacional, durante la mayor parte del siglo XX México mantuvo vigente el principio de autodeterminación y defendió el derecho de toda comunidad nacional de elaborar su propio modelo de régimen económico, político y social y a seguir su propio camino.

A partir de los ochenta, aunque con notables excepciones como, por ejemplo, las negociaciones en la Isla de Contadora que, sin duda, evitaron la invasión estadounidense de Nicaragua, estos principios comenzaron a opacarse En ello mucho tuvieron que ver el debilitamiento de la economía interna y la adopción acrítica del modelo neoliberal.

La falta de legitimidad del gobierno de Carlos Salinas, enfrentado a constantes protestas y movilizaciones poselectorales, condujo a un mayor aliniamiento con las políticas propiciadas por el gobierno estadounidense. En vez de buscar la reconciliación interna mediante la apertura democrática, se buscó el apoyo y la legitimación en el extranjero.

Asimismo, en 1995, ante la crisis financiera provocada por la ineficiencia de los tecnócratas y la corrupción del salinismo, el gobierno de Ernesto Zedillo dio al gobierno estadounidense, como aval del crédito de emergencia que gestionó por 20 mil millones de dólares, el ingreso de las exportaciones de petróleo. Sobre esto podría argumentarse que no había otra salida, pero el fondo del asunto es que se puso en riesgo la soberanía nacional por la irresponsabilidad en el manejo de los asuntos internos.

Después del triunfo de Vicente Fox, nuestra política exterior se ha conducido con desmesura. El resultado más notorio ha sido la afanosa intervención en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)que, en la práctica, sólo vino a complicar más nuestra situación internacional.

En realidad, el llamado “gobierno del cambio” le imprimió a nuestra política exterior un protagonismo dispendioso e innecesario que se aleja de los principios constitucionales y de la buena tradición diplomática de nuestro país.



Nuestra Propuesta

La política exterior que proponemos debe sustentarse en el fortalecimiento de la política interior, en la cautela diplomática y el apego a los principios de autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de los conflictos, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

De Manera Puntual Proponemos lo Siguiente:

  • La política exterior debe ser la extensión de la política interna. Dicho de otra manera, la mejor política exterior es la interior. Si las cosas funcionan en el país, si hay desarrollo y estabilidad política con democracia, seremos respetados y respetables.

    La experiencia histórica nos enseña que si nos encuentran débiles y divididos, somos más vulnerables y siempre surgirá la tentación de absorbernos o subordinarnos.

  • Es conveniente optar por una política exterior mesurada, sin asumir posiciones protagónicas. El respeto al principio de no intervención también nos obliga a ser prudentes. La política exterior mexicana debe asumir los criterios específicos y los esquemas de vigilancia necesarios para asegurar que el país cumpla con sus responsabilidades globales sin detrimento de la soberanía nacional.

    La extravagancia no conduce a nada bueno. Es preferible optar por la seriedad, el apego a principios y la moderación. Los sueños de ver a México como un gran protagonista en el concierto de las naciones son sólo eso: espejismos protagónicos para alimentar ambiciones personales que nada tienen que ver con el país real.

    Hay que descartar el protagonismo ingenuo y carente de todo realismo. Atrás deben quedar, por ejemplo, aquella desafortunada decisión del Presidente Echeverría Álvarez de enviar al secretario de Relaciones Exteriores a intentar negociar la paz entre israelitas y palestinos; la maniobras de Carlos Salinas de Gortari para buscar la presidencia de la Organización Mundial de Comercio o la ingenua intención del Presidente Fox de colaborar en la unificación de las dos Coreas.

  • La política exterior debe apegarse con carácter estricto a principios. Hay que procurar la paz y la ayuda entre los pueblos y fundarse en un principio: el poder de la fuerza no da derecho y únicamente la autodeterminación, la no intervención y la cooperación pueden favorecer una paz sólida y firme.

    El imperativo de que ningún Estado intervenga en los asuntos de otro Estado es un deber internacional, marcado por la historia y arraigado en la conciencia de los pueblos. Es un principio no negociable. Escapa a la lógica de fuerza y se rige por la fuerza de la moral.

  • Pero no hacer una política exterior protagónica no significa pasividad o aislamiento. En un mundo globalizado, es imprescindible estar atentos y participar en la solución de los grandes problemas de la humanidad, oero nuestra atención debe centrarse en el multilateralismo, que es el único ámbito de la diplomacia capaz de establecer una relativa igualdad jurídica entre los intereses nacionales y los más amplios y de mayor horizonte.

    Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, la ONU resumió los intereses de la comunidad internacional: los problemas de la seguridad colectiva; el desarme; la no proliferación de las armas nucleares; el colonialismo; las obligaciones y los derechos de los Estados, y el principio de la universalidad en la admisión de los nuevos miembros.

    También es en la ONU donde deben atenderse los más candentes problemas mundiales de hoy, como la pobreza extrema que tanto lacera ( en particular a África), el crecimiento de la economía informal, la emigración, la protección y defensa del medio ambiente, la epidemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y otros. Es en este ámbito donde debemos participar, apoyados en la experiencia y creatividad de nuestra diplomacia, en busca de soluciones que propicien una globalización más equitativa e incluyente.

  • Debemos brindar atención especial a la frontera sur con el fin de evitar el mal trato y respetar los derechos humanos de los migrantes centroamericanos.

    Asimismo debemos mantener relaciones de amistad y cooperación con los países de Iberoamérica y el Caribe y buscar una mayor integración económica y comercial.

    A México le conviene acercarse, no sólo en los económico, sino en lo político y lo cultural a países de Asia, Oceanía y Europa. Estas relaciones nos ofrecen la posibilidad de diversificar nuestra política exterior, tanto en el marco del libre comercio como en la búsqueda de un orden internacional construido entre todos, y en el que globalización no quiera decir hegemonía.

ANEXOS

Sobre los Principios de la no Intervención y el Respeto Internacional a la Soberanía de Nuestras Leyes. 5 kb.

Por una Politica Exterior de Estado: Elementos para el Rescate y el Desarrollo Institucional de la Cancillería. 20 kb.


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