Gobierno Legítimo de México
Miércoles, 20 de Agosto de 2008
Noticias
Comunicados

Conferencias

Discursos
Entrevistas
Fotogalería
Videos
Trayectoria Política
Contacto
Otras Seciones
La Otra Versión
Capsulas de Mandoki
¿Quien es,
el Sr. López?
Campaña
Promocionales de Radio y TV

Galería Ciudadana Canciones


  50 COMPROMISOS
Compromiso 37
Ver:






 

Buscaremos que la relación con Estados Unidos y Canadá vaya más allá del Tratado de Libre Comercio e incluya la cooperación para el desarrollo. En la agenda con el gobierno de Estados Unidos, el tema principal será la migración y los derechos humanos y laborales de los mexicanos que, por necesidad, cruzan la frontera para trabajar en Estados Unidos.

 

Necesario un Acuerdo Migratorio
 


La relación con el gobierno de Estados Unidos debe ser de mutuo respeto y colaboración. Debemos procurar una política de buena vecindad. La razón es sencilla: poseemos una frontera común, de 3,200 kilómetros de largo, con los Estados Unidos.

La proximidad geográfica al principal mercado del mundo y su posición como frontera cultural, le confieren a México una posición estratégica de gran relevancia. Se trata, ni más ni menos, de la relación bilateral más intensa del mundo.

"Fatalidad para unos, oportunidad para otros", escribe Carlos Fuentes, "la vecindad le da a México una figuración única, irrepetible, en Iberoamérica”.

“Heredamos los hechos que derivan de nuestra peculiar situación geográfica. Sea quien sea el próximo presidente de México -agrega Fuentes- deberá responder a factores tan determinantes como el comercio entre los dos países, el mercado de trabajo compartido,

el tráfico de drogas, la protección del medio ambiente, para sólo mencionar cuatro temas de la agenda bilateral".

Además, existe una agenda internacional en la cual, también, México y los EE.UU. comparten el interés por la seguridad pero difieren a veces acerca de la mejor manera de tenerla.

¿Por vía multilateral o unilateral? ¿respetando los tratados internacionales o pasando por encima de ellos?

Debemos impulsar también una reforma integral en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con el propósito de hacer de este organismo un sistema multilateral eficaz basado en el derecho internacional, que reconozca los vínculos indisolubles entre seguridad y desarrollo económico y protección de los derechos humanos. "En el duro combate internacional de 2003".

Señala Carlos Fuentes: "los EE.UU. echaron la caballería pesada para obtener una resolución de fuerza contra Sadam Hussein, invocando la existencia de armas de destrucción masiva en poder de Irak. El inspector de armas de la ONU, Hans Blix, pidió tiempo para investigar el aserto.

Washington sabía –o temía-- que la inspección podía frustrar la decisión ya tomada, como afirma Richard A. Clarke en su libro “Contra todos los enemigos”, de invadir Irak.

México y Chile unieron fuerzas --gran ejemplo de solidaridad latinoamericana-- para defender la primacía del derecho. A la postre, la invasión de Irak se llevó a cabo sin la autorización legal del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Nuestros siempre temblorosos polkos previeron represalias contra México.

Eso no ocurrió. Tanto lo bueno como lo malo de nuestra relación bilateral, sostiene Carlos Fuentes, tiene otras causas. La dignidad y capacidad negociadora corren juntas en la relación México-Norteamérica. Ésta transitó del conflicto abierto a la decisión de negociar durante las presidencias, felizmente simultáneas.

Desde entonces, con sus altas y sus bajas, México ha mantenido el principio de la negociación como base de la relación. A veces, como Aguilar Zinser en la ONU, fue necesario disentir claramente. Lo hizo Padilla Nervo en Caracas al resistir acciones norteamericanas encaminadas a derrocar al gobierno democráticamente electo en Guatemala.

Lo hizo Manuel Tello en Punta del Este al negarse a romper relaciones con la Cuba de Castro. Lo hizo Jorge Castañeda padre al firmar el acuerdo con Francia contra la intervención norteamericana en El Salvador.

Lo hizo Bernardo Sepúlveda al impulsar la acción de Contadora contra la errada percepción centroamericana de Reagan.

En todos estos casos, como en el de Irak, la adhesión a principios nos redituó no sólo prestigio y autoridad, sino márgenes de actuación considerables. Porque sólo sobre la adherencia a los principios y a la ley, puede México, insiste Carlos Fuentes, negociar firmemente con su incómodo vecino del norte.

"En todos los frentes de la relación , hay nuevas realidades demandando nuevas legalidades. Los beneficios comerciales del TLC deben ser equilibrados con los beneficios postergados al trabajo y al medio ambiente.

"Felipe González negoció el ingreso de España a la Unión Europea con la obligación comunitaria de otorgarle fondos subsidiarios a España carente entonces de una infraestructura", afirma Carlos Fuentes, "comparable a las de Francia o Alemania.

Hoy ya son comparables. En cambio las diferencias abismales entre México y EE.UU. se acentúan, con el costo a cargo de nuestra pétrea y pretérita miseria. Va a ser difícil que el próximo presidente renegocie el TLC, escribe el novelista mexicano. si puede impulsar acuerdos que condicionen la seguridad fronteriza que México otorga a los EE.UU. a una creciente cooperación económica internacional para nuestro país.

Pero todos sabemos que en ausencia de cooperación internacional, México cuenta con abundante capital humano, a menudo desperdiciado. Nuestra fuerza de trabajo será siempre la primera instancia del verdadero desarrollo".

El principal tema de la agenda con el gobierno estadounidense tiene que ser la migración: no puede ser otro el asunto nuclear de la política exterior de nuestro país.

México es la nación que exporta el mayor número de migrantes hacia Estados Unidos.

En el 2000, los inmigrantes mexicanos sumaron 9.5 millones de personas, lo que representa casi el 30 por ciento del total de la población emigrante de Estados Unidos.

Tan sólo en el estado de California el poder adquisitivo de la comunidad migratoria mexicana ha aumentado en un 65 por ciento desde 1990 y solo en el condado de Los Ángeles los negocios de los inmigrantes mexicanos crecieron de 57 mil en 1987 a medio millón en la actualidad.

A pesar de que contamos con 45 consulados en Estados Unidos –más que cualquier otro país del mundo-, los flujos migratorios masivos y su creciente rechazo en la frontera constituyen una de las principales fuentes de fricción entre las dos naciones.

Por ello es necesaria la cooperación entre ambos gobiernos para buscar soluciones de fondo que atemperen el fenómeno migratorio, propiciando sobre todo y ante todo el desarrollo y la política social de México.

Hay que evitar, en todo momento y ante cualquier circunstancia, la violación de los derechos humanos y laborales de los mexicanos quienes, por necesidad, cruzan la frontera para trabajar en Estados Unidos. Un gobierno soberano no puede suscribir un tratado que permite que se disparen balas de goma a sus conciudadanos.

Al respecto es importante apoyar la aprobación de la Ley de Protección de Migrantes y Emigrantes, ahora sujeta al análisis y el debate en el Senado de la República. Esta iniciativa propone garantizar jurídicamente la protección efectiva de la dignidad de las personas, así como una mayor protección, tanto de los mexicanos que se encuentran fuera del país, como a los extranjeros que transitan de forma temporal o se establecen en nuestro país de manera permanente, en busca de mejores oportunidades de vida.

Además se requiere buscar un acuerdo de cooperación con el gobierno de Estados Unidos para disminuir las tendencias a la migración, mediante programas del campo que impulsen el desarrollo regional. Una buena propuesta sería recurrir a los fondos estructurales en TLCAN.

Antecedentes

La experiencia de los fondos estructurales en la Unión Europea ha sido más que exitosa. La transferencia de recursos de los países más ricos a los más pobres, aunada a la integración misma, permitió que países como Grecia, Portugal e Irlanda detonaran sus economías y redujeran la brecha entre riqueza y pobreza en Europa.

La idea resultó viable porque se gestó un consenso que alcanzó a las potencias económicas, encabezadas por Alemania y Francia, en el sentido de que la disminución de las desigualdades entre los miembros de la Unión y la prosperidad de los rezagados era provechosa para todos, empezando por los que aportarían la mayor cantidad del dinero.

Los resultados están a la vista y para muestra basta un botón: en buena medida, gracias a los fondos aportados por Alemania, Irlanda pasó de ser un país rural, pobre y atrasado a tener el segundo PIB per cápita más alto de Europa y a ser líder mundial en tecnologías de la información.

Los irlandeses dejaron de emigrar, constituyen ahora un mercado más rentable, absorben un mayor porcentaje del presupuesto europeo y, sobre todo, aportan un área clave de conocimiento a la región.

Propuesta

Crear una estructura financiera similar a los fondos estructurales europeos para apoyar el desarrollo y disminuir las desigualdades en América del Norte. Los tres países aportarían recursos en proporción al tamaño de su economía y de sus ingresos para emplearse en proyectos productivos en la región. Podría aprovecharse la plataforma del Nafta Bank, expandiendo sus funciones más allá del apoyo a las fronteras y al medio ambiente.

Argumentos

América del Norte no es una unión política sino una comunidad económica fundada en el libre comercio. Pero no es necesario ir más allá para encontrar razones capaces de persuadir a Estados Unidos y Canadá de que es muy conveniente para ellos que México se desarrolle.

En el caso de nuestros inmediatos vecinos del norte, quienes aportarían la mayor parte de los fondos estructurales, basta con articular en términos de costo-beneficio un argumento que ya se ha esgrimido hasta la saciedad: el único medio eficaz para disminuir la creciente inmigración de mexicanos en su país, que hoy es fuente de enorme preocupación para muchos políticos, activistas e intelectuales, es el crecimiento de nuestra economía y la creación de empleos remunerativos de este lado de la frontera.

Combatir la inmigración con un criterio policiaco ha probado ser un fracaso. Estados Unidos, el campeón de la economía de mercado, debe entender que mientras exista la demanda de mano de obra barata en su país y la oferta en el nuestro, el flujo se dará por encima --o por debajo-- de bardas y muros y las medidas represivas resultarán disfuncionales.

No hay mejor manera de combatir el fenómeno que destinar los recursos que hoy se desperdician en cerrar la frontera, y algo más, a inversiones en proyectos productivos en México.

Estrategia

Es obvio que Estados Unidos intentaría condicionar la creación de dichos fondos a la obtención de algún beneficio adicional como la apertura de nuestro sector energético a sus inversionistas o nuestra autorización para el mayor involucramiento de sus operativos de seguridad en nuestro territorio.

Por eso sería conveniente, por un lado, determinar de antemano lo que no es negociable y, por otro, que la SRE diseñara una estrategia de cabildeo previo entre grupos "hispánicos", empresarios e incluso legisladores estadounidenses preocupados por la inmigración, de modo que la presión también surgiera de parte de grupos de presión de su propio país.

Ver:
Documento sin título
Documento sin título
© Copyright Derechos Reservados 2005.
Andrés Manuel López Obrador
San Luis Potosí 64 esquina Córdoba, Colonia Roma, Delegación Cuauhtémoc, México, Distrito Federal, C. P. 06700
Teléfonos: 55 84 72 10 y 55 84 72 49.