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Miércoles, 20 de Agosto de 2008
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Mejoraremos la recaudación fiscal. No aumentarán los impuestos en términos reales ni habrán nuevas contribuciones. No se cobrará el IVA en medicamentos y alimentos. Enfrentaremos la evasión fiscal que alcanza más del 50 por ciento.

 

Mejora de la Recaudación Fiscal
 


El origen de este alto nivel de evasión reside en tres causas principales:

1.- la creciente complejidad del sistema de registro y cumplimiento, mismo que rebasa la capacidad de la gran mayoría de los contribuyentes para comprenderlo y consecuentemente les aumenta sus costos de cumplimiento, lo que es un desincentivo para registrarse y cumplir con sus obligaciones fiscales;

2.- la ausencia de penas graves para los evasores y los numerosos recursos legales con los que cuentan para contrarrestar la acción de las autoridades;

3.- la existencia de numerosos renglones en la ley y los códigos correspondientes que facilitan la elusión y la evasión con argumentos técnicos; en particular la existencia de numerosos regímenes especiales, los cuales además representan una gran distorsión.

No podemos concebir una buena administración hacendaria sin corregir estos defectos. De entrada sabemos que las tasas máximas de los impuestos son suficientemente altas, en particular para los pequeños contribuyentes cautivos de este sistema. Por lo mismo, no proponemos un incremento en la tasa máxima del ISR ni del IVA, pues es innecesario e incluso podría ser contraproducente y, en vez de aumentar, causar una reducción en la recaudación. En particular, con la economía informal tan extendida, entre 30% y 40% del producto total, el aumento de tasas y el cobro de IVA sobre alimentos y medicinas crearía un incentivo para la evasión.

El agotamiento del actual sistema es más que evidente. El sistema parece ser como un coche antiguo, pesado y maltratado al que todo le falla sin que se puedan encontrar las piezas de repuesto. Intentar arreglar este vehículo sería como meterse en una tarea sin fin que al final resultaría mucho más costosa que comprar un coche nuevo. Si el sistema captara 20% del PIB es claro que su fortalecimiento por la misma vía que hasta ahora se ha seguido representaría una alternativa viable. Este, sin embargo, no es el caso, pues la captación de ingresos tributarios ha fluctuado en el largo plazo entre 10.5% y 11% del PIB, cuando en contraste era 12.8% en 1980.

Parte del problema ha sido la creciente complejidad del sistema por la adición de numerosos regímenes especiales y exenciones o créditos fiscales. La recaudación federal en el último año (2004) fue de $770 mil millones. La Secretaría de Hacienda ha indicado que el costo de las exenciones y regímenes especiales, incluyendo subsidios e incentivos asciende a $529 mil millones o el 6.7% del PIB para el ejercicio fiscal de 2005.

La misma Secretaría denomina esta suma con el término eufemístico “gasto fiscal”, como si fuera un gasto necesario de incurrir al efectuar la recaudación. El problema con este análisis es que la suma del llamado “gasto” representa 69% de lo que se recauda. Así es como habría que entender el hecho de que en México pasamos tanto tiempo afinando leyes, códigos y misceláneas para que acabemos por no recaudar más de dos terceras partes del flujo potencial de impuestos según las reglas generales. Si hay algo que atestigua lo poco útil de este sistema es precisamente esta gran filtración, como la de una tubería que deja escapar dos terceras partes del agua que debería transportar.

Destacan por su importancia las exenciones correspondientes al Impuesto sobre la Renta de Empresas (ISRE) y al Impuesto al Valor Agregado (IVA), los cuales representan el 63.7% del total. En el Impuesto sobre la Renta Empresarial sobresalen por su importancia relativa las deducciones autorizadas, así como la aplicación del crédito al salario, conceptos que en conjunto significan poco más de 86% de las exenciones por ISR, es decir 185 mil millones de pesos. La aplicación de tratamientos especiales y las facilidades administrativas representan 29 mil millones de pesos.

El gasto fiscal de mayor importancia en el ISR es el relativo al régimen de transición que se otorgó con motivo de la sustitución de la deducción de compras por el costo de lo vendido. Este régimen de transición implica que se difiera una parte importante de los impuestos que se deberían pagar bajo la nueva ley. En efecto, de la acumulación de inventarios al 31 de diciembre de 2004, los contribuyentes ya habían hecho la deducción total desde el momento de su compra.

Los regímenes especiales de tributación con todas sus modalidades son alrededor de cuarenta en la ley y en los reglamentos Esta maraña ha hecho toda la administración tributaria en extremo compleja, por lo cual estimula la evasión. Por ejemplo, el sub-sistema para la agricultura, ganadería, pesca o silvicultura redunda en una debilidad intrínseca del sistema jurídico de impuestos por el gran número de litigios sobre impuestos.

Desde luego que hay sectores de la economía que en su momento justificaron la creación de regímenes especiales, por lo cual cada uno de ellos deberá juzgarse en sus propios méritos. Pero aun así el número de ellos es excesivo para el manejo eficiente por cualquier sistema.

El gran tamaño de la distorsión ha transformado a este sistema impositivo en un sistema redistributivo del ingreso de hecho, sin que ninguna autoridad le haya dado ese papel y estando lejos de ser el mejor vehículo para ello. Más aun la redistribución ha dañado el poder adquisitivo de la clase media.

Puede verse en el Anexo que el régimen especial que asigna una tasa cero en IVA a alimentos y medicinas representa menos de una quinta parte del conjunto de estos regímenes. No obstante, fue en la eliminación de este régimen en donde se centraron los dos intentos de reforma fiscal de la actual administración, lo que demuestra que dicha reforma ni siquiera habría atacado el problema de la recaudación de manera frontal y, peor aun, descansaba en golpear a la clase media una vez más.

Ahora bien, el hecho de que estas exenciones y regímenes vengan acompañadas de todo tipo de argumentos técnicos bajo el tema de las necesarias facilidades a la inversión o el fomento hace que todo esto represente una pieza de ficción y poca seriedad, ya que, por el tamaño tan grande de las exenciones, sugiere que las reglas generales y posiblemente las tasas no están adecuadas a una realidad.

El aparato de vigilancia del Sistema de Administración Tributaria (SAT) aporta más evidencia sobre el agotamiento de este modelo. El SAT administra hoy 147 mil juicios contra contribuyentes, de los cuales pierde la mayoría de los juicios importantes por su monto. Sus 2,000 abogados, siendo tan numerosos y
representando un gran problema de administración en todos sentidos, no logran cubrir todos los ángulos delicados en los juicios más importantes. Por su parte, los contribuyentes disponen de abogados mucho más calificados y mejor pagados.

Establecer mayores controles mediante nuevos y frecuentes requerimientos para el registro de los contribuyentes y para asegurar que estén al corriente de sus pagos simplemente entorpece el pago de los mismos para los contribuyentes cumplidos y encarece el cobro para todo el sistema. Peor aun, encarece la administración de los contribuyentes. Éstos deben incurrir en gastos excesivos de aparatos contables, deben mantener líneas bancarias con acceso al internet como único medio de pago, y deben procurar numerosos documentos de comprobación que luego tienen que ser procesados con recursos humanos que serían mejor utilizados si se dedicaran a producir o a vender más.

Esto es la mejor receta para exasperar e irritar a los contribuyentes y desincentivar el cumplimiento. A los contribuyentes los hemos visto como posibles delincuentes evasores y no como contribuyentes a quienes les debemos facilitar su pago. Por la misma razón el aparato recaudador ha perdido el respeto y el aprecio de los contribuyentes y ha dado lugar a una cultura de no pago de impuestos.

A esto último también ha contribuido el dispendio del gobierno ante los ojos de la gente. Los altos sueldos, las grandes oficinas, los viajes de los altos funcionarios reseñados por la prensa, el gasto de publicidad y el lujo ostensible que los rodea crean un sentimiento de resistencia entre la gente por el no pago. El contribuyente con frecuencia se pregunta porqué pagar cuando él necesita el dinero para resolver problemas básicos de su hogar o de su empresa si el gobierno en cambio derrocha lo que recibe.

Nuestra propuesta es aumentar la recaudación mediante varias medidas, excluyendo como ya se mencionó, el aumento de las tasas o la creación de nuevos impuestos. Este aumento se basaría en:

  • Ssimplificación del régimen de cumplimiento y de la forma de cálculo y pago;

  • Propuestas para hacer más clara la ley en la materia, elevando a categoría de grave el delito de evasión;

  • Mejoras en la administración a partir de métodos de trabajo y organización mucho más lineales entre recaudación e ingreso de contribuyente, más sencillos y menos costosos;

  • Reconsideración rigurosa de todos los esquemas especiales, mismos que deberán justificarse de conformidad con las prioridades del Plan Nacional de Desarrollo.

ANEXO


Presupuesto de Gastos fiscales 2005 160 kb.



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