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Miércoles, 20 de Agosto de 2008
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Impulsaremos un nuevo federalismo para definir con claridad las reglas de la convivencia y cooperación entre los gobiernos federal, estatales, municipales y del Distrito Federal.

 

Nuevo Federalismo
 


Actualmente, en México se vive la distribución territorial del poder de decisión más amplia de toda la historia del país como nación independiente. Esta distribución ha sido generada tanto por el incremento de la pluralidad política de las autoridades, como por el proceso continuo de reformas que, durante las últimas dos décadas, han descentralizado facultades y recursos. Hoy los gobiernos estatales y los ayuntamientos son electos democráticamente, actúan con la autonomía política que les corresponde, tienen que responder a sus electores y reclaman recursos para cumplir con sus responsabilidades.

En este contexto, se han activado las instituciones del federalismo mexicano –la llamada división vertical de poderes–, y los principales conflictos de competencia entre niveles de gobierno se están dirimiendo satisfactoriamente ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por la vía de controversias constitucionales.

De manera paralela, aunque la Secretaría de Gobernación es, formalmente, la encargada de las relaciones políticas con las entidades federativas, lo sustancial de las relaciones y conflictos políticos entre el Ejecutivo Federal y los estados y municipios, se dirimen, más que en el área política tradicional, en el ámbito de la Secretaría de Hacienda.

Lo anterior tiene cierta lógica: la creciente desigualdad regional es el reto fundamental del federalismo mexicano. Y, en un contexto de pluralidad, cada nivel de gobierno reclama para sí recursos y ejercicio autónomo de sus competencias pero, a la vez, todos son interdependientes. Corresponde a la federación velar por esta integración que la desigualdad pone en riesgo.

Por ello, la tensión en las relaciones entre la federación y los estados tiende a concentrarse en los ámbitos de la SHCP y en la instrumentación territorial de los programas federales.

Dada la concentración del proceso de recaudación establecida en el Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, la SHCP es la que suministra a las entidades federativas los ingresos que les corresponden. Basta señalar que el 90 por ciento de los ingresos de los estados, son transferencias federales y, por lo que corresponde a los municipios, el 80 por ciento.

Así, la SHCP es la dependencia del Ejecutivo que mayor interlocución y poder de negociación tiene con los gobiernos de las entidades federativas. Esto se concreta en dos sentidos: por la vía de los mecanismos establecidos para el suministro de ingresos y, al mismo tiempo, porque también corresponde a Hacienda la autorización del ejercicio del gasto que las otras dependencias del Ejecutivo realizan en los estados y municipios.

Recordemos que las relaciones vigentes, en esta materia, se norman a partir de la Ley de Coordinación Fiscal que se promulgó en 1980 y es obvio que las condiciones económicas, sociales y políticas han cambiado. Por eso, debe llegarse a un acuerdo que permita redefinir, en lo esencial, quién tiene que cobrar los impuestos y cómo distribuir el presupuesto público para hacer frente a las desigualdades sociales y regionales crecientes que caracterizan a nuestro país.

Ante esta realidad, la Conferencia Nacional de Gobernadores puede ser el espacio de confluencia entre intereses comunes a las entidades federativas y una instancia para la institucionalización de las nuevas relaciones entre el Ejecutivo federal y los estados.

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